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martes, 30 de junio de 2026

NINA Y TITA o...

¿Qué es una abuela para ti?

En estos días de calor intenso llegan las tan ansiadas para unos, como temidas para otros, vacaciones escolares. Padres y madres se angustian porque deben continuar con su rutina laboral mientras niñas y niños tienen ante sí todo un día sin las obligaciones habituales. ¿Dónde ofrecerles el entorno propicio para que vivan ese verano inolvidable de la infancia?

Para muchas familias la respuesta será “en casa de los abuelos”, pero… ¿las abuelas y abuelos de hoy en día son aún como los pinta nuestro imaginario?

Nina y Tita de Beatriz García-Huidobro y Raquel Catalina (Kalandraka), es un álbum fresco y entrañable que plantea la mitad de esa pregunta y retrata a cuatro generaciones de mujeres. 

La niña protagonista del relato compara lo  que los libros cuentan sobre las abuelas con lo que ella observa en las de su familia.

"Yo tengo dos abuelas: Nina y Tita" -nos dice esta narradora en primera persona- PERO …, enseguida surge la duda, la contradicción, ciertos matices, porque ninguna de las dos coincide con el aspecto ni con el comportamiento que se supone se espera de ellas. Frente a la imagen estereotipada de vida sosegada y apacible que se transmite en los libros, Nina y Tita llevan una vida activa y dinámica.

En vez de quedarse en casa cocinando galletas y tartas, viajan, pasan fines de semana en la playa y se bañan en el mar, van a la piscina, practican yoga y gimnasia con sus amigas, hacen parrillada en el jardín, comen ensaladas, andan a toda prisa y van al trabajo en bicicleta...


Además de leerle cuentos y contarle historias, cantan juntas y va con ellas al cine y al teatro.

Y es que Beatriz García-Huidobro, autora del texto, es una escritora, periodista y editora chilena conocida por su narrativa infantil y juvenil y por sus relatos en los que da voz a las mujeres y sus relaciones con los otros. Gracias a Kalandraka podemos leer su primera novela, Las Marías, y Hasta ya no ir y otros relatos en la nueva edición de su colección Cuatro lunas.

Raquel Catalina resalta todavía más ese contraste entre imaginario estereotipado y realidad en sus ilustraciones al combinar lapicero y tonos pastel difuminados en los fondos -creando un ambiente hogareño y nostálgico- con los colores vívidos y vibrantes en las figuras llenas de vitalidad y movimiento de sus personajes.

Y si estamos atentos a la narrativa visual, observamos en segundo plano lo que sucede mientras en el texto escuchamos la voz de la niña; sus padres están preparando una gran fiesta en su casa. Cuando Nina y Tina llegan con sus madres, la niña -al ver a la generación anterior a sus abuelas- encuentra respuesta a las dudas y contradicciones que nos había relatado: 

“Ahora, por fin, lo entiendo todo”.

Raquel Catalina ya nos había fascinado con las imágenes de una anciana peculiar en Grande y pequeña, bellísimo álbum ilustrado ganador del premio internacional Compostela 2025 con texto de Arianna Squilloni, que dedica “A las mujeres de mi familia, que susurran en mi oído” poniendo el foco en la importancia del legado y la memoria de las mujeres que nos han precedido.

Arianna Squilloni tiene otros títulos que nos sumergen en los veranos de la infancia. Os recomiendo no perdéroslos. En casa de mis abuelos, ilustrado por Alba Marina Rivera (Ekaré) y El verano de John Silver (Mil razones) cuya reseña puedes leer aquí.

Con el disfrute de estos álbumes y las conversaciones que pueden generar sobre los vínculos con nuestros ancestros familiares, os deseo unas felices vacaciones.

 

¡Feliz lectura!


¡Feliz verano!


martes, 10 de junio de 2025

BAJO EL ASFALTO, LA FLOR


“Las palabras no son exactas, guardan significados ocultos para cada uno de nosotros, guardan una vida interior, un mundo. Un bosque. Y ese es el misterio que nos golpea y nos hiere: la palabra que incendia.”

 

Han pasado ya seis años desde que conocimos en persona a la escritora Mónica Rodríguez y escuchamos su conferencia "En lo más oscuro del bosque" en el XV Encuentro de Animadores a la lectura de Arenas de San Pedro. También desde que iniciamos un diálogo madre-hija sobre Biografía de un Cuerpo compartiendo opiniones y reflexiones que dieron lugar a una de las entradas más visitadas de este blog.

Desde entonces, la obra de Mónica ha crecido en cantidad, con más de 80 títulos publicados, en variedad (cómic, novela ilustrada, álbum ilustrado, poesía y teatro) y en reconocimientos, entre los que destacan en 2024 -después de la concesión del premio Cervantes Chico 2018 por el conjunto de su obra- el Premio Nacional de LIJ por Umiko y premio Fundación Cuatro Gatos por La niña de los pájaros.

Su última publicación es un álbum ilustrado. Bajo el asfalto, la flor, resulta tan evocador y sugerente desde el mismo título,  que no puedo evitar ir a su encuentro. El libro elige al lector. 

La fuerza de la ilustración de la cubierta, con ese cromatismo de verdes, azules y amarillos dirige la mirada al centro de una flor que fija en la nuestra su mirada. Y ese niño… qué tristeza rezuma su figura en un cuerpo sin apenas líneas de contorno, del que no vemos las manos, solo pies descalzos y una cara. Una cara que mira con asombro hacia lo alto, de espaldas a la flor.

Mónica Rodríguez ha contado en varias ocasiones que la idea de Bajo el asfalto, la flor surgió cuando Rocío Araya y ella planeaban hacer un libro juntas y Rocío le habló de una canción de Georges Moustaki “Il y avait un jardin” que el músico dedicaba a “los niños que nacen y viven entre el hierro y el alquitrán, el hormigón y el asfalto y que, tal vez, no sabrán jamás que la tierra fue un jardín”.

León, el protagonista del texto de Mónica sí lo sabe y puede escuchar las voces de los árboles y de la flor, su confidente, a la que llamará Camila, como el amor que ha tenido que dejar atrás. Llegó en la carreta con su familia de vendedores ambulantes y montaron su tienda en el lugar donde ahora hay una calle de cemento, cuando aún no había ciudad, solo árboles, solo el río:

“El viento sin nombre sacudía los prados y el árbol que estaba donde la farola agitaba sus ramas. Todos los árboles hablaban. Nosotros, aquí, en la ciudad, no podemos oírlos, pero León sí que los oía. Y también veía las estrellas porque no había luces de farolas ni ventanas encendidas. León se echaba en los prados, junto a la flor dormida, y miraba las estrellas y escuchaba a los árboles. Entonces pensaba en Camila.”

Mónica Rodríguez y Rocío Araya (en la imagen con otro título ilustrado por ella en la editorial A fin de cuentos)

En Bajo el asfalto, la flor -editado por A fin de cuentos- el texto de Mónica Rodríguez, poético, sugerente y evocador, como ya he dicho, completa su nostálgica belleza con las potentes ilustraciones de Rocío Araya; sus cromatismos, sus texturas, sus contornos con manchas de color.

En las guardas delanteras encontramos un paisaje gris, desolado, todo de hormigón y en las traseras, en las grietas del asfalto ha crecido una inmensa flor. Bajo el asfalto, la flor parece prometer que hay esperanza en la tristeza.

“Bajo el asfalto, hubo una vez una flor. Y junto a la flor, un valle. Allí, donde está la farola de hierro había un árbol grande como un bosque, y había también un bosque y un viento que venía del sur y que no tenía nombre.”


En la primera doble página, el texto describe lo que había en ese paisaje gris, pero que no está en la ilustración, en contraste con la siguiente en la que todo es verdor y aguas cristalinas y en la que aparece la carreta de la familia errante, llena de vida en su interior, conducida por el abuelo.


El ritmo de la narración se pausa para que podamos imaginar cómo es y cómo vive esta familia dejando espacio al texto de Mónica sobre la página en blanco a la izquierda y la ilustración a sangre a la derechaun cielo azul cuajado de estrellas que se convierte en negro en las siluetas de los árboles con los niños mirando al cielo y vislumbrando en las sombras los personajes de las historias narradas por el abuelo alrededor del fuego con esa misma mirada que tenía el niño en la cubierta. 

Y al pasar la página encontramos a León, sumergido en un paisaje luminoso con los pies descalzos sobre la hierba y la flor a la que protege y cuenta sus secretos, con el texto a la derecha.


“Durante el tiempo que estuvieron aquí acampados, de camino a los pueblos del sur, cuidó de que sus hermanos no la pisotearan ni de que la mula se la comiera ni de que Amara, que era joven y caprichosa, la arrancara para ponérsela en las trenzas.”

 


Volvemos a dos dobles páginas a sangre en las que predominan los tonos cálidos -reflejo del rico mundo interior de León lleno de sensibilidad y amor por lo que le rodea- aunque nos esté contando una historia de renuncia y pérdida. Un choque entre sus sentimientos y los intereses de su familia que necesita ir de pueblo en pueblo para poder sobrevivir, siempre en movimiento, sin caer en sentimentalismos ni ataduras:

“Un día mi padre la vendió. A la burrita, a Brisa, sí, la vendió. Las mujeres hicieron fiesta con las monedas ganadas, pero yo no podía comer, tenía un no sé qué en la garganta que no me dejaba. Estaba triste como cuando lo de Camila. Algún día te hablaré de Camila.”

Y de nuevo, el texto sobre blanco, a la izquierda, y la ilustración en cromatismo de verdes y azules hasta el negro de la noche, a la derecha:

“León se echaba en los prados, junto a la flor dormida, y miraba las estrellas y escuchaba a los árboles. Entonces pensaba en Camila. En los ojos de Camila. En sus dedos tan blancos que una vez entrelazó entre los suyos.”

El álbum mantiene la narrativa a doble página hasta terminar la historia como había comenzado, de manera circular, en una ciudad - “Esta que ves. Esta por la que caminamos sin dejar huella porque es toda cemento. Gris y fría como los sueños cuando no soñamos”- pero con la flor que emerge, victoriosa, entre las grietas del cemento.

Y la música de Moustaki vuelve a resonar en mi cabeza:

“Había un jardín grande como un valle, podíamos alimentarnos en todas las estaciones, sobre la tierra ardiente o la tierra helada y descubrir flores que no tenían nombre. Había un jardín al que llamábamos LA TIERRA.”

 

Este año, Mónica Rodríguez ha sido autora imprescindible en el cole y quiero recomendar, muy cerquita ya del final de curso, Bajo el asfalto, la flor, por la rica experiencia que proporciona tanto en una lectura compartida en voz alta en el aula - Podemos sentir el ritmo que marca el paso de la página y los giros del lenguaje hacen que el lector sienta cómo el narrador se dirige a él, lo sienta próximo, creíble, y se sumerja de inmediato en la historia que le está contando- como en la conversación que provoca en el grupo -queda  la intriga de quién es el narrador ¿Será el propio León recordando su infancia? ¿Qué ocurriría con Camila? ¿Y con los otros niños? ¿Hay personas errantes en la actualidad? …- , como en el deseo de una lectura más íntima y personal en casa o en los momentos en que se hace lectura silenciosa en el aula o en la biblioteca. 

Tanto elijas una modalidad u otra, o ambas...

 

¡Feliz lectura!

Y Feliz descanso!


Si quieres conocer todos los títulos de Mónica Rodríguez entra en su web.
En este enlace de A fin de cuentos puedes leer una entrevista con Mónica Rodríguez. 
Para conocer mejor a Rocío Ayara puedes leer  este otro y esta entrevista de "Un periodista en el bolsillo" sobre su trabajo en Bajo el asfalto, la flor.

viernes, 24 de enero de 2025

CALLE DE LA OCA


Recuperar la mirada atenta, pausada


Si recuerdo mi infancia, vuelvo a habitar la niña que pasaba horas pegada al cristal del mirador de su casa. Una casa que estaba en el cruce de dos grandes avenidas y me ofrecía una perspectiva del mundo amplia, variada, bulliciosa y en cambio continuo. Como si fuera un organismo vivo. Quizá por eso me gusta tanto Calle de la Oca de Ana Garralón y María Pascual, porque me devuelve esa mirada del asombro con que descubría el mundo y desde la que me sitúo para leer este álbum.

En Calle de la Oca, Oliver, el protagonista, aparece integrado en ese organismo -vivo y cambiante- y son las personas adultas que se turnan durante una semana para acompañarlo a la escuela, las que le ofrecen distintas perspectivas desde las que mirar, desde las que leer, ampliar y comprender su mundo. 

Calle de la Oca es la primera publicación escrita para niños por Ana Garralón, especialista en el mundo de la LIJ desde finales de los 80, crítica literaria, tallerista, conferenciante, formadora de mediadores, premio de fomento a la lectura… y lo hace desde un género que ha investigado y conoce en profundidad, el libro informativo, sobre el que ha dado infinidad de cursos y talleres y es autora, entre otros títulos, del ensayo Leer y saber. Los libros informativos para niños.

Hace diez años que la idea de este álbum rondaba en su cabeza. Desde que firma el contrato con Ediciones Ekaré, nos cuenta en sus redes, ha habido un proceso de algo cocinado a fuego lento. 

“La edición de Irene Savino y Cecilia Silva-Díaz transformó un texto un tanto rígido en uno más fluido que María Pascual de la Torre ha ilustrado con una potencia que no me esperaba”.

Ana elige para esta narración la primera persona. Oliver –nombre homenaje a su admirado Oliver Sacks- nos cuenta cómo es su ida y vuelta al cole cada día de esa semana inolvidable junto a un amigo o familiar con distintas profesiones. Es un niño afortunado que puede ir caminando hasta su escuela por un barrio agradable, habitado por personas relajadas, en compañía de un adulto atento y receptivo a su curiosidad insaciable.


Cualquiera que siga este blog conocerá mi admiración por el trabajo minucioso de la ilustradora. María Pascual es única para mostrar pistas y sugerir enigmas. En las guardas, sentimos la quietud del paisaje nocturno de la calle en contraste con el ajetreo en que la conoceremos durante el día. En un primer momento no supe cómo mirar esta ilustración para ver la calle, que parecía la calle y su reflejo, como la representaba María. Tardé unas cuantas páginas en entender que su intención era anticipar la idea del texto de que es la perspectiva desde la que miramos la que cambia nuestra percepción de la realidad. 


También es fascinante como, en una sola imagen, es capaz de mostrar el carácter soñador y curioso del protagonista.

El primer acompañante de Oliver es un historiador, su abuelo, que sabe mirar cada detalle para encontrar en él historias escondidas. ¿Cómo era vivir en ese lugar cuando la calle era de barro, sin luz ni agua corriente? ¿Cómo eran las profesiones que desaparecieron con esa forma de vida? ¿Y las palabras relacionadas con ellas que dejaron de usarse? Oliver no es un receptor pasivo a las enseñanzas del abuelo y le propone un juego que podemos continuar como lectores o como mediadores del libro, un “veo, veo” para nombrar un elemento real e imaginar cómo fue en el pasado. Yo cierro los ojos y consigo ver, como el abuelo, la transformación de ese cruce de caminos durante mi infancia.

En las ilustraciones, la doble página se divide en dos, la superior describe infinidad de detalles de personajes y edificios a todo color y, bajo la línea de tierra, se representan las escenas del pasado en color sepia. 

Cuando se añade información al texto narrativo, se enmarca en una línea de puntos y se añaden bocadillos para agilizar el diálogo de los personajes.

El martes por la mañana, Oliver descubre la mirada del escritor que intenta atrapar historias e inventar a partir de lo que observa en la realidad. “Mira a esa señora que está esperando el autobús. ¿A dónde va? ¿Quién la espera en casa? ¿Qué hace tan temprano en la parada?” Y por la tarde, la de una bióloga, con la que la calle se convierte en un ecosistema de plantas y animales.



En días sucesivos, un filósofo- con la invitación a mirar todo desde otra perspectiva- una fotógrafa, un músico, una tipógrafa y un fisioterapeuta ciego, le muestran diferentes claves para percibir, imaginar e interpretar la realidad que le rodea

Las ilustraciones de María Pascual recrean con infinidad de recursos visuales estos cambios y se expanden con el enfoque que nos ofrece cada una de esas perspectivas.


¿Qué decir de este paisaje sonoro en amarillo, en honor a los Beatles, que Oliver comienza a percibir gracias a su amigo músico? 


Como veis, la lectura de Calle de la oca nos regala un universo, un ecosistema repleto de elementos urbanos,  animales, vegetales y humanos para conocer el barrio. Pero sobre todo, nos permite -dando una tregua a las pantallas- recuperar esa mirada  atenta, consciente y pausada que deberíamos ofrecer a nuestras niñas y niños para construir junto a ellos un mundo más humano.

viernes, 28 de junio de 2024

Alexander Von Biscuit y la búsqueda del abrazo perfecto


¿Ya tenéis plan para estas vacaciones? 


Seguro que no pensaréis pasaros todo el día mirándoos al espejo (o en la pantalla) y hablándole a vuestro reflejo como hacía el sapo Alexander Von Biscuit. 

Supongo que, como él, habréis soñado alguna vez con el abrazo perfecto,  ese que tanto echamos de menos en el confinamiento y que, según la neurociencia, basta con que dure entre 5 y 10 segundos para hacernos sentir más conectados con "el otro", mejorar su estado emocional y el nuestro y liberarnos del estrés.

¿También sois de los que van en busca de sus sueños? Pues si queréis acompañar a nuestro sapo, ¡No hay tiempo que perder! Von Biscuit sale a toda prisa de su casa.

Corre a visitar a sus amigos y conocidos y, tras un largo día en el que experimenta todo un catálogo de abrazos más o menos placenteros, pero no perfectos (os invito a que suméis las sensaciones de los vuestros), decide anunciarse en el periódico.

Una larga cola de animales entusiasmados acude a su cita en el parque y la televisión local cubre el evento.

Lo que ocurrió después, cuál fue el descubrimiento de Alexander, queda para los que se aventuren en las páginas del libro. Solo os diré, porque se cuenta en el epílogo, que la historia de Alexander Von Biscuit se hizo famosa en el mundo entero y su nombre se convirtió en sinónimo de abrazo.

Nominado al Premio de Literatura Infantil y Juvenil de Alemania en 2023, Alexander von Biscuit y la búsqueda del abrazo perfecto es un álbum que permite varias capas de lectura, ideal para leer en voz alta, en una lectura y una conversación compartida que contagia el deseo de salir de nuestro ensimismamiento para abrazar al otro. Las expresivas y dinámicas ilustraciones de Anke Kulh -en coloridas acuarelas con contornos negros y una narrativa visual muy cercana al cómic- subrayan el ritmo, la ternura y el humor del texto de Oren Lavie.

Lavie (Tel Aviv 1976) es un cantante, compositor, guionista, director de teatro y autor de tres libros para niños, al que ya admirábamos por El oso que no estaba, ilustrado por el genial Wolf Erlbruch, con el inicio inolvidable “Erase una vez un picor…” y todas las preguntas filosóficas que vienen a continuación. 
Anke Kulh (Alemania 1970), ilustradora y diseñadora gráfica, está muy presente en el catálogo de la editorial Takatuka.


Una de las claves del éxito de esta autora es la naturalidad con que resuelve las situaciones que podrían resultar “delicadas” en algunos de estos textos. Con ¡En familia! recibió el premio de Literatura Infantil y Juvenil de Alemania en 2011, el mismo para el que ha sido nominado Alexander von Biscuit y la búsqueda del abrazo perfecto.


Os deseo una FELIZ LECTURA,

FELICES VACACIONES y muchos, muchos ABRAZOS.

miércoles, 29 de mayo de 2024

LA CERCA



“Mientras miráis a Wendy, tal vez seáis testigos de cómo se le encanece el cabello y su figura se vuelve otra vez pequeña, ya que todo esto pasó hace mucho tiempo. Jane ya es una adulta normal, con una hija llamada Margaret, y cada primavera, en época de limpieza general, salvo cuando se le olvida, Peter acude a buscar a Margaret y la lleva al País de Nunca Jamás, donde ella le cuenta historias sobre él, que Peter escucha entusiasmado. Cuando Margaret crezca tendrá una hija, que un día también será madre de Peter; y así seguirá sucediendo una y otra vez, mientras los niños sean risueños, inocentes y crueles.”

J.M Barrie

En el final de Peter Pan, la figura de la niña que se deja llevar por la magia, que será capaz de volar y de vivir con intensidad el presente de cada aventura, se repetirá de generación en generación. La cerca de Alfredo Soderguit me hizo recordar esta escena en una historia circular en la que dos niñas (dos Wendys), Francisca y Antonia, se conocen durante las vacaciones y desde entonces, cada día viven una nueva aventura. 

Las casas de las dos niñas están una junto a otra, tan solo separadas por una cerca. Comparten juegos, sueños y secretos hasta que las vacaciones terminan y Francisca regresa a la ciudad con su familia.

El texto de Soderguit parece responder al significado de “cerca” al referirse a lo que está próximo o inmediato en el espacio o en el tiempo. Francisca y Antonia están cerca, próximas, durante esos días compartidos.

Solo hay una ilustración a sangre y a doble página en el álbum para subrayar el clímax del relato. El momento en el que toda referencia al mundo adulto que rodea a las niñas desaparece y juegan inmersas en esa tonalidad mágica del verano. 

El resto de las ilustraciones nos va señalando, a veces con una sutilidad maravillosa, lo que las separa, su condición social -la madre de Antonia trabaja para la familia de Francisca y cuida la casa mientras están en la ciudad- su modo de vida, sus expectativas de cara al futuro. Nos muestran la “cerca” que resguarda o divide un sitio de otro, la que rodea hasta separar a las dos niñas.

Las raíces de esa cerca, lo que las separa, crecerán al tiempo que ellas comienzan a convertirse en adultas,

 aunque no desaparezca por completo su yo niña.

Tendrán que pasar muchos años hasta que Francisca y Antonia se vuelvan a encontrar junto a la cerca.

La idea de La cerca surge de una situación real. Alberto Soderguit, ilustrador, director y escritor uruguayo, estaba en Colombia con Mariale Ariceta preparando el sonido de su película de animación “Anina”. Se alojaban en la casa de campo de unos amigos y al lado, en una casa mucho más humilde, vivía el guardés de la finca con toda su familia. Así lo cuentan en una entrevista: 

“En un momento apareció una niña con una muñeca, era hija o nieta del casero. Y se quedó parada de un lado de la cerca que separaba las dos casas. Desde ahí ya empezó Mariale a observarlo así. ¿Qué hay acá? Quizás una separación, pero tal vez también la oportunidad de que esas niñas —que en la historia real eran una niña y un niño, el sobrino de nuestra amiga— se aproximen”. 

Ariceta comienza a tomar notas que serán el germen del que nazca esta historia casi una década después; la cerca como separación, pero también como oportunidad de encuentro.

La cerca se construye a partir de una pregunta, del esbozo de una esperanza, que al lector le puede generar aún más preguntas. ¿Solo somos capaces de ver lo que nos une con los ojos de la infancia?

Alberto Soderguit ya había publicado con Ekaré Los Carpinchos en 2020, un álbum con tan prestigiosos premios como el de la Fundación Cuatro Gatos, The White Ravens o la New York Public Library. Los carpinchos también parte de las preguntas que suscita al autor una situación real, la inmigración en este caso, y son los más pequeños los que muestran a los adultos de la historia el camino hacia la empatía y la solidaridad.

Os animo a leer estos dos álbumes con niñas y niños en casa y en el aula, a crear ese “momento de los cuentos” que guardaba Wendy para ver junto a su hija el tiempo en que,  también ella, podía volar.


martes, 30 de abril de 2024

UN RAMO DE MALAS HIERBAS

Una historia sin fin

"La belleza no es más que una sensación de plenitud. El misterio nos despierta la curiosidad y la curiosidad es la mejor aliada para encontrar la belleza allí donde antes no había nada. “ 

Un ramo de malas hierbas seduce desde el aparente oxímoron del título al sugerir que no todo es lo que parece. Y con este espíritu de misterio y aventura salimos a caminar A buen paso, sin propósito, ni destino, ni reloj como propone Alex Nogués en un texto delicado, poético y muy, muy sabio.

“Si lanzo la mirada al horizonte, veo océanos de verde cebada, mares encrespados de oleaje amarillo colza, algún barco con velas de árbol y, en la lejanía…, ¡tierra a la vista!, una isla de montañas y bosques. Si miro al camino que separa los mares, a lado y lado, veo espuma en forma de flores; miles de ellas. La primavera ha explotado.”

Y en esta explosión primaveral se suceden los juegos de palabras, las comparaciones, las metáforas -visuales, gustativas…- en una narrativa ágil y sensual que introduce con naturalidad y sencillez el lenguaje científico combinado con el poético.

“A esta familia de plantas se la llama Brassicaceae en honor de la más famosa de todas ellas: Brassica que, entre otras especies, incluye a las coles, las coliflores, el brócoli, la mostaza y la colza que ahora derrama su intenso color amarillo sobre los campos”.

Un ramo de malas hierbas también es un paseo metafórico por la vida del autor. Alex Nogués nació en Barcelona y estudió geología, especializándose en paleontología y aguas subterráneas. De su vida actual cuenta: “Ahora vivo en la Bisbal d'Empordà, en Cataluña, a veinte minutos del mar, rodeado de lo que más me gusta. Aquí, en nuestro pequeño jardín, en el bosque, en los prados y junto al mar, observo, sueño y escribo.”

Este año, dentro del “Festival LINA. Libros y Naturaleza”, tuve el placer de escucharlo en una conferencia y de participar en su taller “Cuando el agua se transforma en libro”. Alex Nogués se define como escritor de narrativa, poesía, humor y, por su formación e intereses, de libros de divulgación desde un planteamiento literario.

Es un autor que escribe desde el asombro, la alegría, la expectación y el misterio que le suscita la naturaleza y busca despertar la mirada del lector para compartir la sorpresa, la emoción y la belleza que aún le provoca el mundo que nos rodea. “Escribo lo que escribo porque aún hay un niño que desborda dentro de mí. Sigo siendo un niño cuando estoy en la naturaleza”.

Nogués llama a sus libros de conocimiento “libros umbral” o “libros puerta” porque están escritos con la vocación de que el lector, al cerrar el libro, vea el mundo de otra manera y entre en acción.


Las ilustraciones minuciosas y coloridas de María Pascual, en perfecta sintonía con el espíritu del texto, guían nuestra mirada desde el detalle más diminuto hasta las grandes historias que envuelven cada una de estas plantas. Los distintos planos que utiliza, su sentido del humor, la narrativa visual que nos propone y el poder de resonancia y simbolismo que podemos encontrar en cada una de las imágenes, hace que la lectura de este álbum sea casi, casi, inagotable.

De nuestra querida y admirada María Pascual ya hablamos en este mismo blog en la reseña ¡Malacatú! Una lectura chispeante que seguimos disfrutando. Os recomiendo que leáis de nuevo la entrevista con esta licenciada en Bellas Artes, doctorada en Dibujo, en la que nos cuenta como fue el proceso creativo de esa obra ganadora del Premio Internacional del Álbum Ilustrado 2017 Biblioteca insular de Gran Canaria editada también por A buen paso. 

Como hemos visto, Un ramo de malas hierbas es un álbum de conocimiento, y mucho más, en el que cada página puede ser el inicio de una gran aventura. Una historia sin fin. Así nos lo indica María Pascual, ya en los créditos del libro, al hacer suyo el Auryn de La Historia Interminable. Este objeto mágico -en forma de serpiente con dos cabezas que se muerden la cola formando un círculo- simboliza la eternidad y la unidad y representa para varias generaciones de lectores el viaje y la búsqueda del protagonista. En esta ilustración la serpiente tiene una sola cabeza -no habrá dualidad fantasía/realidad (¿o sí la habrá?) en este paseo impregnado de poesía e imaginación- y es el paso de las estaciones, con los protagonistas del viaje en el centro, el que forma ese ciclo vital.

Y por si esto fuera poco para enamorarme de este álbum -con lo que me gustan las historias que llevan a otras historias- ¿Cuál creéis que es la primera planta que aparece? El Llantén; sí, la misma que comía uno de mis personajes favoritos, viajera infatigable por campos y pedregueras, por páramos y arboledas, bajo el sol y las estrellas, cuya historia comienza así:

“Una hermosa mañana se encontraba la tortuga Tranquila Tragaleguas ante su pequeña y agradable madriguera tomando el sol y comiendo sosegadamente una hoja de llantén.”

Los autores, Alex y María, dedican este álbum a todas las primaveras y a las personas que nos hacen florecer durante todo el año.

 ¡Feliz lectura!