lunes, 16 de abril de 2018

BLANCO COMO NIEVE

O como Ratón recorrió el mundo y llegó a nuestra escuela.

Un ratón blanco me mira sonriente invitándome a entrar al stand de la editorial A buen paso en la feria del libro de Bolonia. Andrea Antinori está firmando Blanco como nieve, el delicioso álbum que ha ilustrado con texto de Mar Benegas, y no puedo resistirme a la idea de llevarlo dedicado para contarlo en cuanto vuelva al cole. Al llegar a Valencia, recojo también la firma de la autora, que me enseña un libro de tela que usaba en sus sesiones para bebés. 
Me explica que de este cuento sin palabras nació la idea de Blanco como nieve, la historia de un ratón que sólo sale de casa después de asearse y comprobar que no llueve porque no le gusta ensuciar su blanco pelaje. Pero una mañana de primavera se aleja demasiado persiguiendo unas semillas que arrastraba el viento y no sabe volver. Inicia así un viaje en el que va a descubrir las diferentes casas en las que habitan los elementos de la naturaleza, hasta que consigue, como Ulises, regresar a su hogar.
Mar Benegas utiliza la estructura narrativa del cuento tradicional. Nos sitúa en un tiempo indefinido con el ÉRASE UNA VEZ y el uso del pretérito imperfecto pero enseguida la historia adquiere ritmo con la canción con que se presenta el protagonista y que va a servir de estribillo a todo el cuento. Y aún más ritmo, porque cada vez que Ratón encuentra una casa, Mar utiliza el mismo patrón: ¡Toc toc! ¿QUIÉN ES? Seguido de una onomatopeya que nos prepara para la adivinanza que vendrá como respuesta a su canción cuando Ratón entra en cada casa. 
Mar enumera las características de cada elemento de la naturaleza con la estructura de las adivinanzas populares, versos de arte menor con rima en los pares, aunque con hexasílabos (menos usados que el octosílabo) para mantener el ritmo y la musicalidad de la canción y guarda la composición en tres estrofas de cuatro versos, con la fórmula de final (A ver si adivinas/ si sabes quién soy) en la tercera estrofa.
El texto también invita a jugar con la entonación de las diferentes voces de cada elemento: un vozarrón terrible, como un huracán furioso, que se vuelve después suave como el trino de un pájaro, una voz cantarina, una voz apagada y la voz cavernosa y profunda con la que contesta el último de ellos.
Si lees, como yo, este álbum en clase (o en casa), verás cómo se despierta la curiosidad de niñas y niños y con qué rapidez entran en la dinámica del juego de imaginar y tratar de adivinar la solución que Ratón, tras pensarlo mucho, termina por encontrar.
Rodari explica así está fascinación de la infancia en su Gramática de la Fantasía:

"¿Por qué a los niños les gustan tanto las adivinanzas? A primera vista, diría que representan la forma concentrada, casi emblemática, de su experiencia de conquista de la realidad. Para un niño, el mundo está lleno de objetos misteriosos, de acontecimientos incomprensibles, de figuras indescifrables. Su misma presencia en el mundo es un misterio sin aclarar, una adivinanza sin resolver, incógnitas que intenta superar con preguntas directas o indirectas. El conocimiento sobreviene, a menudo, en forma de sorpresa.
De ahí el placer de experimentar de modo desinteresado, por juego, o casi por adiestramiento, la emoción de la búsqueda y de la sorpresa."

Por eso los niños se identifican con el protagonista y disfrutan con la escritura de Mar Benegas, porque nos sabe comunicar ese asombro, ese misterio y ese descubrir el mundo como un juego.
Ratón se muestra dichoso en cada nuevo elemento, incluso cuando ha perdido el color blanco que lo identifica. Y no sólo es un héroe como Ulises, también es un poeta porque, como Frederick, se lleva algunos rayos de sol guardados en su bolsillo para usarlos durante las frías noches de invierno.
Andrea Antinori, ilustrador italiano en IBBY Honor List 2016 y premio Andersen e ilustrador seleccionado para la exposición Feria del Libro Infantil de Bolonia 2017, refleja ese homenaje a Leo Lionni al usar la técnica del collage para los rayos del sol sobre el resto del dibujo.
Las ilustraciones completan lo que dice el texto; el viaje de Ratón, empieza de día y termina de noche, es decir, transcurre a lo largo de un ciclo vital. El ratón vuelve a casa blanco de nuevo (uno de los elementos lo purifica), pero también transformado: ya no le importa mancharse y la puerta de su casa, antes cerrada, ahora está abierta.

Hemos disfrutado tanto con Blanco como nieve que lo vamos a contar el próximo 23 de abril en nuestra Maratón de cuentos. 


¿Os gustan la casa y los decorados que construimos para nuestro querido ratón blanco?



Enviamos una carta a Mar y hablamos con ella para decirle que, al final, escribimos la música de la canción porque, como cada vez la cantábamos de una manera, empezamos a hacernos un lío y terminamos por fijar en una partitura la versión definitiva para que todos podamos acompañar el canto de Ratón.

Aprovechamos la ocasión para hacerle algunas preguntas. Su respuesta ha sido TAN GENEROSA que ganas me dan de borrar todo lo anterior y dejar sólo lo dicho por ella.


-Mar, ¿cómo fue el proceso de transformar el ratón de tela en ratón de papel?

-Hay personajes que piden vivir su propia historia, que necesitan ser escritos y tener su “libro”, no quedarse en la nebulosa de lo imaginado, tomar cuerpo y que su potencial se desarrolle. Contarnos sus aventuras y su historia con pelos y señales.
Y eso pasó con Ratón. Ratón comenzó siendo una cancioncilla con la que introducía un cuento de tela, muy bonito, al que le puse palabras para compartir con los bebés en mis sesiones. El ratoncillo que salía a pasear, solamente si no llovía, se perdía e iba encontrando algunos animales, a los que repetía su canción. Hasta que, al final, la serpiente (que se lo quería comer, por supuesto) lo asustaba y Ratón corría y corría hasta llegar, por fin y como en todas las historias, a su casa.
El mecanismo era perfecto. Un libro que me pedía ser contado. Que usaba portada y contraportada. Que era totalmente circular. En fin, todos los elementos para no necesitar nada más: tela, animales y canción que se repite.
Pero resultó que Ratón tenía mucha personalidad y no quería ser un cuento solamente cantado. Él necesitaba un libro de papel donde se nombrase y quedase constancia de su personalidad y de todo lo que tenía que contarme.
Y así, de aquella cancioncilla que presentaba a los bebés, vino Ratón a explicarme de su pequeña obsesión con la limpieza y con la guitarra. Y de cómo la vida implica mancharse, caminar, cansarse y seguir adelante, a pesar de todo. Responder a los enigmas para que nos vayan ofreciendo sus regalos y abriendo las puertas. Poder descubrir los misterios de lo que nos es ajeno. Porque enfrentarse al miedo (a veces sin querer) nos puede hacer cambiar de posición respecto al mundo: abrir la puerta a la vida y a las aventuras que conlleva vivir, a pesar de las dificultades. Y regresar a casa, y seguir cantando, siempre.

- ¿Por qué la rima está tan presente en tus textos para la primera infancia?

-El territorio de la primera infancia es el reino de la rima. El eco, la ecolalia, la repetición, el “otra vez”, “otra vez”.
La rima es el cantar del lenguaje, la música de las palabras, y la infancia necesita ser en-cantada, hechizada por el misterio y, a la vez, se convierte en un salvavidas, en una cuerda que da seguridad.
Cuando hay ritmo la niña, el niño, puede controlar al lenguaje, el patrón se repite y eso es una certeza a la que aferrarse. Llega la música de las palabras y la infancia se agarra a ella como una tabla de salvación con la que llegar a navegar el océano del lenguaje y, por ende, del pensamiento.
Otra vez, otra vez. La rima nos canta el mundo y así nos apropiamos de él. Construir la memoria y el pensamiento desde el ritmo es lo natural, lo que corresponde.
Dicen, incluso, algunos científicos, que aprendimos a hablar gracias al canto de los pájaros: imitar su trino fue clave en el desarrollo de nuestro lenguaje.


-Si hacemos un recorrido por los libros que han llegado a nuestra biblioteca, observamos que el tema de la casa  se enlaza de un texto a otro y gana espacio con el paso de los años. Aparece en A lo Bestia en “Abuelo Tortuga”, en el Haiku de la piel de Abecedario del cuerpo imaginado, en “con la a” de Con el ojo de la i, en varios poemas de ¿Qué soñarán las camas? y ya, como tema de todo el poemario, en Versos como una casa, en dónde curiosamente hay un poema “¿Qué pasa?” en el que la casa puede estar construida con viento, mar, fuego…elementos que retomas en Blanco como nieve. ¿Por qué las casas?

-Es, sin duda, una de mis obsesiones creativas. Creo que podría escribir un ensayo sobre el tema. Las casas simbolizan tantas cosas, tantos significantes se me han ido desvelando, he ido descubriendo con ellas, que vuelvo una vez y otra. No son la única obsesión: la niña (como símbolo), lo invisible, los sueños... cierto que, como decía el poeta, siempre estamos escribiendo el mismo libro, el mismo poema. Porque una realidad tiene tantos prismas, tantos matices.
Y bueno, escribimos lo que somos, no tenemos otro material. Pero, los símbolos del inconsciente tienen, siempre, su reflejo en la vida tangible (solamente hay que tener los ojos abiertos para verlos ahí, resplandecientes).
Me resulta fácil hacer un paralelismo con mi vida y mi relación con las casas. Durante muchos años me sentí nómada, cambiaba de casa anualmente, a veces hasta dos veces en el mismo año, eso me hizo acumular un total de más de 20 “hogares” en los que viví. Y una sensación de no pertenecer a ningún lugar. Pero, cuando llegué a visitar por primera vez, la que hoy es mi casa tuve una certeza: este será nuestro hogar (en ese momento para mí y para mi hijo). No es una casa especialmente hermosa, ni grande, pero tiene tierra y ranas. Yo llegaba de mi trabajo, un trabajo que no amaba en absoluto, entonces me descalzaba y miraba alrededor, eso me hacía sentirme bien. Ahora, si lo observo en perspectiva, la carga simbólica de este acto (encontrar mi hogar) se me presenta con una gran claridad. Fue el inicio de un proceso que me llevó, en escasos dos años, a encontrar también mi lugar en la vida. Dedicarme, en exclusiva, a la escritura, construir, poco a poco, mi hogar de palabras, mi refugio. E intentar habitarlo al completo y sin concesiones.
Sí, la casa, la morada, el hogar, creo, es mi mayor obsesión creativa. Y, dentro de ese mismo concepto: lugar donde esconder(se), donde resguardar(se), estarían las cajas, que creo que, como metáfora, para mí simbolizan lo mismo. Y ahí está La caja de las palabras y algún texto inédito como “La caja mediana” y muchos poemas que la nombran. Lo mismo con mis libros sobre casas, algunos íntegramente dedicados a ellas: “Versos como una casa”, “Nicolasa, ¿y tu casa?” o “Blanco como nieve”, pero también presente en mis otros libros de manera ocasional.  Así, caja y casa, casa y caja.
Me gusta pensar que la palabra poética, la poesía, es una casa, la casa del poema, la caja donde guardar el lenguaje. Las palabras y letras como espacio físico y habitable. La poesía es, para mí, un lugar, un hogar, un refugio, con sus habitaciones, sus ventanas, sus estancias, su cocina...
También me interesa la casa como metáfora del nacimiento: la memoria, el lugar desde el cual se inician todos los viajes. La aventura de vivir. Los personajes salen de su casa, viajan, y luego regresan. Eso es la vida y siempre hemos de tener un lugar donde regresar. Pero la casa también representa el antes del nacer y también la última puerta que atravesamos. Camino circular que se inicia en ella y en ella termina.
Y a otra idea que le he dado muchas vueltas (sobre todo en mi poesía para adultos, pero también se puede “leer” en la infantil/juvenil, tal vez menos evidente) es la de cuerpo como casa. Igual que el lenguaje es un lugar que habitamos, también el cuerpo es un espacio, de piel adentro, la casa nuestra: 


Piel. Es la casa  
de todas las caricias. 
Abre la puerta.

***

Podéis leer más sobre Mar Benegas en la primera entrada de este blog y en esta otra. También hablamos con Arianna Squilloni aqui y puedes verla hablar sobre Lij en este vídeo. Mariaje Paniagua recoge  una interesante recopilación de artículos sobre ella en esta entrada.  Y si lo que quieres es saber más sobre adivinanzas puedes leer Adivinanzas Populares Españolas (Estudio y Antología) de Pedro C. Cerrillo. 


¡Os esperamos en nuestra IX Maratón de cuentos!

¡Gracias, Mar, por ser casa de palabras para nuestra escuela!




miércoles, 31 de enero de 2018

LA VUELTA AL CINE DE BRIAN SELZNICK

LA INVENCIÓN DE HUGO CABRET  y MARAVILLAS: LIBROS DE PELÍCULA.


El 30 de Enero de 2007 se publicaba La invención de Hugo Cabret. Unos meses más tarde, Daniel Nesquens profetizaba en la revista Babar que la novela ilustrada de Brian Selznick tarde o temprano se llevaría al cine. Así fue; Martin Scorsese quedó maravillado con el libro y en 2011 filmó en 3D “La invención de Hugo” para su hija, que entonces tenía doce años. Era su primera incursión en el cine dirigido a un público familiar y consiguió con ella  once nominaciones al Óscar. 

Brian Selznick en la Premiere de la película en Nueva York .
Foto Dave Allocca
Enseguida se cubrió la contracubierta original de la novela con otra con imágenes de la película y, aunque el impacto mediático del filme hizo que aumentaran las ventas del libro, el mérito de Selznick quedaría, en muchas ocasiones, eclipsado por la película. Como ejemplo diré que en la magnífica exposición que la Caixa hizo en Madrid sobre Méliès un año más tarde, ni siquiera se nombraba la novela ni a su autor (aunque pudieran comprarse La invención de Hugo Cabret y Maravillas) y en el catálogo de la exposición, con más de 200 páginas, sólo era citado de pasada, reconociéndole, eso sí, que tuvo un gran éxito. Todos los méritos se atribuían a la película de Scorsese, olvidando que cada uno de los aspectos que se alababan de ella ya estaban, listos para ser rodados, en la novela "narrada con palabras e ilustraciones" de Brian Selznick. 

Scorsese mostrando a los actores una imagen de la película.
La invención de Hugo Cabret. Brian Selznick. SM (2007). Traducción: Xohana Bastida.

El libro resulta atractivo desde el primer momento. Es un objeto cuidadosamente diseñado por el autor para sugerirnos que en su interior hay un misterio. Su aspecto nos recuerda a las antiguas cajas de música en las que se podía ver una figura articulada que se movía, al darle cuerda,  al compás de una melodía. En la sobrecubierta, esta figura ha sido sustituida por una hermosa cerradura llena de mecanismos que tiene como fondo el cielo nocturno sobre los tejados de París. Sus colores primarios sobre  fondo rojo contrastan con la cubierta y la contracubierta en color negro con un marco de finas líneas blancas en espiral. El rojo, de nuevo en las guardas, deja paso definitivo a un juego de blanco sobre negro  y negro sobre blanco que se repite a lo largo de toda la lectura, ilustraciones, fotografías y textos, remitiéndonos a las antiguas películas de cine mudo. 



Además, el autor nos sumerge desde la introducción en la atmósfera de penumbra de una sala de cine  y nos va seduciendo, con imágenes y texto para que acompañemos a Hugo al París de los años 30 y que retrocedamos con él a los inicios del cine. 


Hugo Cabret es un niño huérfano que vive escondido en una bulliciosa estación de tren en el corazón de París. Mantiene a punto los relojes de la estación con la esperanza de que nadie note que el relojero, su tío con el que compartía el cuartucho en el que ahora se esconde, ha desaparecido. Su única compañía es un autómata que estaba arreglando su padre antes de morir y su único anhelo es descubrir el mensaje que pueda esconder en su interior. Hugo intenta encontrar el sentido a su vida poniendo en su lugar todas las piezas que componen el autómata y haciéndole funcionar. Piensa que si cada pieza tiene su función dentro de una máquina, también él debe tener una función en este mundo.

Para lograr que la máquina funcione, Hugo roba las piezas de los juguetes de un viejo que tiene una pequeña tienda en la estación y las va ensamblando como indica el cuaderno con dibujos de su padre. El viejo juguetero lo descubre y le quita el cuaderno. Para recuperarlo empieza a trabajar para él y  se hace amigo de su ahijada, una niña amante de la lectura. Hugo y la niña comparten su pasión por el cine y algo más; ella tiene una llave en forma de corazón que les llevará a descubrir, en la segunda parte del relato, el misterio que relaciona al autómata con el viejo juguetero en un excitante viaje por los comienzos del cine como fábrica de sueños. Al final, Hugo consigue encajar las piezas que compondrán su futuro.   

Las mismas imágenes que consiguieron meternos en esa estación y en esa época nos sacan al final con un fundido en negro. Y el lector siente deseos de saber más; qué es y qué no es real en esta historia que habla de magia y de sueños, de un mundo, el del cine mudo, que le es desconocido. 

El narrador de esta historia se nos presenta en la breve introducción del libro como el Profesor Alcofrisbas. Está narrada, pues, en tercera persona. Es un narrador omnisciente que nos va contando con todo detalle hasta el menor gesto de los personajes con el claro objetivo de que el lector pueda construir imágenes mentales. Estas imágenes que formamos en nuestra imaginación se enlazan y complementan con lo que narran las ilustraciones a semejanza de las imágenes proyectadas en una pantalla como nos sugería al principio de la novela. De vez en cuando, el narrador hace una pausa para dirigirse directamente al lector, como cuando finaliza la primera parte de la historia y nos introduce en la segunda (podemos imaginar también a un presentador dirigiéndose al público mientras se cambia el rollo de película para que no se pierda el hilo narrativo).
Al final del libro, como en un juego de magia, el narrador resulta ser el propio Hugo Cabret que está contando su historia escrita por un autómata que él mismo ha construido.

La invención de Hugo Cabret podría ser la típica novela de aventuras en la que los protagonistas son jóvenes de la edad de los lectores que tienen que resolver un misterio. Podría ser un libro de imágenes o incluso un story board. También encontramos partes que responderían a las características de libro informativo, hay un gran trabajo de investigación para documentar los hechos históricos que se narran, en el que nos cuentan los pormenores de un tema, en este caso la historia de los comienzos del cine.
La gran aportación de la novela es que siendo estas tres cosas, Selznick ensambla todos los elementos narrativos, escritos y visuales, de manera que funcionen como una maquinaria perfectamente engrasada; consigue sorprendernos y emocionarnos porque fondo y forma están en perfecta sintonía. 
El autor, además, responde a esa necesidad del lector por saber más sobre un tema que desconocía y nos ofrece, en las últimas páginas del libro, los enlaces necesarios para continuar el viaje por la red. Consigue así que la lectura no acabe con el libro sino que el lector la continúe en la pantalla de su ordenador.

Maravillas. Brian Selznick. SM (2012). Traducción: Ana H. de Deza

Después de La invención de Hugo Cabret, Brian Selznick intenta dar una vuelta de tuerca a la fórmula con la que había conseguido tanto éxito. Maravillas es también “una novela contada con dibujos y palabras” pero con una dificultad añadida: Son dos historias independientes en el tiempo y en el espacio, que en la segunda parte de la novela confluyen en el mismo lugar para convertirse, en la tercera, en una sola narración en la que se alternan texto e imagen.
Introducción narrada con imágenes.
La primera historia está contada con palabras y comienza en 1977. La protagoniza Ben, un niño con problemas de audición que al perder a su madre inicia la búsqueda del padre al que nunca conoció. Lleva consigo tan solo algunos objetos -una caja de madera en la que guarda algunos recuerdos, un medallón de plata, un librito azul titulado “Maravillas” y un marcapáginas- que irán adquiriendo sentido a lo largo del viaje, como si se tratara de las piezas de un rompecabezas o de las pistas en un mapa del tesoro. 

Y la segunda, narra con ilustraciones lo que le sucede cincuenta años antes a Rouse, la niña sordomuda que emprende un viaje en busca de una famosa actriz del cine mudo, de la que atesora un álbum con todos los recortes de prensa que aparecen sobre ella. 
Los dos niños intentan encontrar, como Hugo, un sentido a su vida y un lugar en el mundo. Y también es un amigo el que les entrega la clave, o la pieza, que les permite resolver el misterio.


Si en La invención de Hugo, Selznick hace un homenaje a los pioneros del mundo del cine, en Maravillas lo hace a los Museos. El espacio mágico al que hace referencia el título de la novela y en el que las dos historias convergen, es el gabinete de maravillas del Museo Americano de Ciencias Naturales en Nueva York. 

La metáfora en esa búsqueda del sentido, que en Hugo era el autómata, es el propio museo:

“Mientras se secaba, vio un mapa del museo tirado junto al lavabo. Lo desdobló y leyó los nombres de las salas: Meteoritos, Minerales y Gemas, El Ser Humano en África…Igual que en la biblioteca donde trabajaba su madre, el universo estaba allí, organizado y dispuesto para todo aquel que quisiera comprenderlo.”

“Ojalá el mundo entero estuviera organizado de la misma forma: así todo el mundo podría encontrar lo que buscaba…”

Y al igual que Hugo llegaba a identificarse con el autómata, Ben lo hace con su caja de recuerdos:

“Entonces recordó su caja museo, su casa, sus libros, el escondite secreto, y se dio cuenta de que ya lo estaba haciendo. “Tal vez”, pensó, “todos seamos un gabinete de maravillas.”

Pero Maravillas no es sólo un homenaje a los museos, de hecho, la idea de la novela surgió cuando el autor vio un documental sobre la historia de la cultura sorda en Estados Unidos. Lo que más me impresiona de esta novela es cómo consigue reflejar la percepción del mundo por las personas con problemas auditivos y el contraste con un mundo poblado de sonidos. No en vano, el hermano de Brian Selznick nació sordo de un oído, como Ben, y muchas de las observaciones y pensamientos de este personaje pertenecen a su hermano. Me encanta, además, que el mundo sonoro de los años 70 esté plasmado con una canción de Bowie, "Space Oddity", y que consiga hacernos escuchar esta melodía, cada vez que Ben piensa en su madre, como si se tratara de la banda sonora de una película muda:

“La calle era un caos de coches, anuncios luminosos y personas. A los lados, los edificios ascendían hacia el cielo como los árboles del lago. Un río de coches sucios y taxis amarillos corría ante él. (…)
Intentó imaginar las bocinas, los gritos y los chirridos, pero todo estaba silencioso, como una película a la que le hubieran quitado el sonido. Dentro de la cabeza de Ben solo sonaba David Bowie cantando sobre el comandante Tom.”

Aquí puedes escuchar la canción de Bowie. 

Y aquí al propio autor hablando de sus intenciones al escribir e ilustrar Maravillas:

"Contar una historia sobre personajes que te conmueven y hacer que se desarrolle de forma sorprendente e interesante y espero que emocionante".

Brian Selznick (Nueva Jersey-EE UU, 1966) había ilustrado muchos libros para niños antes de escribir La invención de Hugo Cabret y Maravillas.  El primero que escribió e ilustró él mismo, The Houdini Box, fue publicado en 1991 mientras trabajaba en una librería para niños.
Selznick suele realizar sus ilustraciones a lápiz y carboncillo sobre papel en un formato tan pequeño que tiene que ayudarse con una lupa. Como ilustrador parece un mago por su capacidad para imprimir movimiento a las escenas y crear la ilusión de que sus dibujos abandonan las dos dimensiones del papel (esa misma sensación que tuvieron los primeros espectadores del cinematógrafo que creyeron que el tren iba a salir de la pantalla). En una entrevista explicaba que no quiere que sus libros sean editados en formato electrónico porque el ordenador borra la mano del artista:

"Estoy interesado en el acto de dar la vuelta a una página, contar una historia moviéndome hacia adelante físicamente. En los libros de imágenes, uno da vuelta a la página al ritmo que quiere, se convierte en la fuerza impulsora detrás de la narrativa".


Lo que sí le debió gustar fue la experiencia de llevar sus libros al cine, aunque en el caso de Maravillas, también ha querido ir un paso más allá y no dejar que nadie se lleve el mérito de sus aciertos;  “Wonderstruck: El museo de las maravillas” acaba de estrenarse con guión del propio Brian Selznik. 

Acercaos al libro para disfrutar la experiencia de volver las páginas con las fascinantes ilustraciones de Selznick, de sus textos, y disfrutad también de la película.


sábado, 16 de diciembre de 2017

CARTA A LAS REINAS MAGAS


REGALOS PARA LEER

Queridas Melchora, Gaspara y Baltasara, este año hemos celebrado el centenario de una buena amiga vuestra y, como nos hemos portado requetebién, hemos pensado que podríais traernos algunos libros que hemos ido seleccionando en cursos, talleres y presentaciones a lo largo del 2017 y que nos gustaría disfrutar en la biblioteca del cole. Hemos puesto un cartel junto con la maleta en la que podéis dejar nuestros regalos. Tendréis agua y comida para vuestros camellos. 
Ilustración Mar Ferrero Lo que no vio Caperucita .

Bosque Río cantos 2017 (Fotografía Mafalda García)

Para leer texto e imagen; mirar y remirar

El caballero impetuoso. Gilles Bachelet. Juventud.
Breve historia de una pompa de jabón. Germán Machado. Iratxe López de Munáin. Kireei
Pulgarcito. Patricia Metola y Cayo Martínez. Narval.
Mishiyu. Ricardo Alcántara y Rebeca Luciani. Combel.
Y esto, ¿qué es? Jürg Schubiger y Wolf  Erlbruch. Libros del zorro rojo.
La calle de Garman. Stian Hole. Kókinos.



Para recuperar a los clásicos

Ventana de Kenny. Maurice Sendak. El libro de los guarripios y Tío Elefante. Arnold Lobel. Álex y el ratón de cuerda. Leo Lionni. Leocadio, un león de armas tomar. Shel Silverstein. Mister Magnolia. Quentin Blacke. (Todos de Kalandraka).
Doña Emerita sobre ruedas y Doña Emerita reina de la carretera. Quentin Blacke. Ekaré.


Para disfrutar con la poesía y jugar con las palabras

El libro de Gloria Fuertes para niños y niñas. Versos, cuentos y vida. Marta Altés. Blackie Books.
El camello cojito. Gloria Fuertes. Nacho Gómez. Bruño.
Poemas de la oca loca. Gloria Fuertes. Miguel Ángel Pacheco. Kalandraka.
Aurelio. Antonio Rubio. Federico Fernández. Kalandraka.Las alas del abecedario. Antonio Rubio. Rebeca Luciani.  Faktoría K de libros.
Las niñas o cómo suceden las cosas. Mar Benegas. Rocío Ayara. Litera.
Versos como una casa. Mar Benegas. Francisca Yañez. A buen paso.
La gota moja a la gata maja. Olga Capdevilla. A buen paso.


Para estar bien informados

Constructores, Ojos y Bocas. Animales extraordinarios Xulio Gutierrez y Nicolás Fernández. Faktoría K de libros.


Para los que leen solos

Olor a mamá. Ricardo Alcántara. Montse Tobella. Algar.


Para grandes lectores

El mar y la serpiente. Paula Bombara. Milenio.
Campos verdes, campos grises. Ursula Wölfel. Lóguez.
Zirze piernas largas. Jesús Ferrero. Siruela.
Suerte de colibrí. Germán Machado. Edelvives.


Para los que leen con niños

Escuela de Fantasía. Gianni Rodari. Blackie Books.
El arte de contar cuentos a los niños. Elena Fortún. Renacimiento.


Porque nos encanta

Alicia a través del espejo. Lewis Carroll. Fernando Vicente. Nórdica.



Gracias y ¡Feliz Navidad!