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martes, 30 de junio de 2026

NINA Y TITA o...

¿Qué es una abuela para ti?

En estos días de calor intenso llegan las tan ansiadas para unos, como temidas para otros, vacaciones escolares. Padres y madres se angustian porque deben continuar con su rutina laboral mientras niñas y niños tienen ante sí todo un día sin las obligaciones habituales. ¿Dónde ofrecerles el entorno propicio para que vivan ese verano inolvidable de la infancia?

Para muchas familias la respuesta será “en casa de los abuelos”, pero… ¿las abuelas y abuelos de hoy en día son aún como los pinta nuestro imaginario?

Nina y Tita de Beatriz García-Huidobro y Raquel Catalina (Kalandraka), es un álbum fresco y entrañable que plantea la mitad de esa pregunta y retrata a cuatro generaciones de mujeres. 

La niña protagonista del relato compara lo  que los libros cuentan sobre las abuelas con lo que ella observa en las de su familia.

"Yo tengo dos abuelas: Nina y Tita" -nos dice esta narradora en primera persona- PERO …, enseguida surge la duda, la contradicción, ciertos matices, porque ninguna de las dos coincide con el aspecto ni con el comportamiento que se supone se espera de ellas. Frente a la imagen estereotipada de vida sosegada y apacible que se transmite en los libros, Nina y Tita llevan una vida activa y dinámica.

En vez de quedarse en casa cocinando galletas y tartas, viajan, pasan fines de semana en la playa y se bañan en el mar, van a la piscina, practican yoga y gimnasia con sus amigas, hacen parrillada en el jardín, comen ensaladas, andan a toda prisa y van al trabajo en bicicleta...


Además de leerle cuentos y contarle historias, cantan juntas y va con ellas al cine y al teatro.

Y es que Beatriz García-Huidobro, autora del texto, es una escritora, periodista y editora chilena conocida por su narrativa infantil y juvenil y por sus relatos en los que da voz a las mujeres y sus relaciones con los otros. Gracias a Kalandraka podemos leer su primera novela, Las Marías, y Hasta ya no ir y otros relatos en la nueva edición de su colección Cuatro lunas.

Raquel Catalina resalta todavía más ese contraste entre imaginario estereotipado y realidad en sus ilustraciones al combinar lapicero y tonos pastel difuminados en los fondos -creando un ambiente hogareño y nostálgico- con los colores vívidos y vibrantes en las figuras llenas de vitalidad y movimiento de sus personajes.

Y si estamos atentos a la narrativa visual, observamos en segundo plano lo que sucede mientras en el texto escuchamos la voz de la niña; sus padres están preparando una gran fiesta en su casa. Cuando Nina y Tina llegan con sus madres, la niña -al ver a la generación anterior a sus abuelas- encuentra respuesta a las dudas y contradicciones que nos había relatado: 

“Ahora, por fin, lo entiendo todo”.

Raquel Catalina ya nos había fascinado con las imágenes de una anciana peculiar en Grande y pequeña, bellísimo álbum ilustrado ganador del premio internacional Compostela 2025 con texto de Arianna Squilloni, que dedica “A las mujeres de mi familia, que susurran en mi oído” poniendo el foco en la importancia del legado y la memoria de las mujeres que nos han precedido.

Arianna Squilloni tiene otros títulos que nos sumergen en los veranos de la infancia. Os recomiendo no perdéroslos. En casa de mis abuelos, ilustrado por Alba Marina Rivera (Ekaré) y El verano de John Silver (Mil razones) cuya reseña puedes leer aquí.

Con el disfrute de estos álbumes y las conversaciones que pueden generar sobre los vínculos con nuestros ancestros familiares, os deseo unas felices vacaciones.

 

¡Feliz lectura!


¡Feliz verano!


jueves, 6 de noviembre de 2025

CON LAS BOTAS DE LA A

 

Poemas para caminar

¡Estamos de aniversario! En la primera reseña de este blog, Con el ojo de la i, os invitaba a un viaje en tren, con ese traqueteo acompasado que nos hace habitar entre la ensoñación y lo real, mientras jugábamos con las palabras. 

Diez años después, os propongo celebrar el camino recorrido con otro viaje, esta vez a pie, de nuevo con Mar Benegas y Olga Capdevilla, A buen paso.

Con las botas de la A, poemario oulipiano que, ya desde el título, rinde homenaje al espíritu de la editorial para caminantes curiosos, A buen paso, que ha sido casa, desde entonces, de muchos libros de Mar -y cobijo para nosotras, lectoras y lectores- y a su incansable editora, Arianna Squilloni. 

Las ilustraciones juguetonas y divertidas de Olga Capdevilla, ahora en colores fosforito, nos trasmiten la energía necesaria para emprender esta nueva aventura.

      

       Preparar el paseo.

       Caminar, pasear,

       atravesar sendas.

       seguir caminos,

       a buen paso.

 


       Perder el norte

       y volver a encontrarlo.

 


       Ven

       con esta A andarina

       a recorrer el mundo.





Comienza el paseo con un abecedario tautograma para caminantes
, seguido de metáforas, retruécanos y monorrimas. 
Continuamos con preguntas sin respuesta convertidas en greguerías.

¿Jugamos con la música de las vocales? Escucha como suena un lipograma.

En este poema, un ogro mudo y glotón devora cada A que cabría en el poema (no deja ninguna) y, de repente, habla, canta, salta, nada… 

¿Podrías reproducir el prodigio de este ogro siempre mudo? ¿Probamos con la E, la I, la O y la U?

Damos un paso más con los idiomas secretos que ya encontramos en Con el ojo de la I, onomatopeyas, alfabeto morse, trabalenguas… 


¿Sabrías hablar en pajarístico? (encontrarás referencias a este idioma en un poema del bellísimo Diez pájaros en mi ventana de Felipe Munita) ¿Buscamos los anagramas que oculta cada verso?

Terminamos el paseo con adivinanzas y juegos oulipianos que nos llevan a dibujar el poema.

      

Llegamos al final del camino

y regresamos a casa.

Caminar a buen paso,

la vida es una aventura,


un paseo,

una senda que atraviesa el bosque.

La a y sus botas

te desean un buen viaje de vuelta.




Por cierto, ¿Conoces el significado del acrónimo Oulipo? Con las botas de la A incluye un pequeño manual práctico sobre el arte de caminar para que despejes esta y otras incógnitas. 



Gracias a todas las personas que han entrado a pasear por las páginas del blog y a las autoras, autores y editoriales por  las intensas experiencias y emociones que nos han hecho vivir y los vínculos que hemos formado con sus creaciones. 

Comparto las palabras que Mar Benegas acaba de regalarme :


Qué alegría que Dídolapídola cumpla años, 10  años ya. Y qué alegría que mis libros hayan sido parte, verlo nacer con Con el ojo de i y celebrar su primera década con su hermano pequeño, Con las botas de A.
En este tiempo de rapidez e imágenes, de falta de profundidad y reflexiones, de pocas palabras o palabras huecas... los espacios como este son templos de resistencia.

Celebrar este aniversario es celebrar una trinchera abierta para defender los libros.

¡Mil gracias, Mar!

¡Por muchos años más encontrándonos en la lectura y en las bibliotecas!



lunes, 22 de abril de 2019

¡MALACATÚ!

El poder transformador de la palabra

¿Recordáis aquel slogan publicitario que decía “El frotar se va a acabar”?  Pues veréis con qué arte lo convierte María Pascual en palabra arrojadiza contra el adversario, trabalenguas y hechizo al final, en este álbum trepidante y lleno de magia que publica, con la maestría que le caracteriza, la editorial A buen paso.




Los protagonistas se presentan, en un primer plano, enfrentados desde la portada sobre un fondo amarillo chillón lleno de estrellas y pequeños globos dentados, bajo el título ¡MALACATÚ! en mayúsculas picudas con la tilde clavada en la u. 
Actitud desafiante, ceño fruncido, labios apretados, mirada asesina… ambos, madre e hijo, sujetan como un arma pasta y cepillo de dientes ¿Qué les habrá hecho enfadarse de este modo?


Desde las guardas, el formato rectangular de la portada se convierte en panorámico al usar la doble página y vemos entrar al niño, feliz con sus juguetes, en el que va a ser el único escenario de la trama; la cocina. 


Y ahora sí, en el centro de la escena, madre e hijo se enfrentan en un duelo armados con lo que parece ser la causa del conflicto –yo casi puedo escuchar la música con silbido típica de Morricone en las películas del oeste aunque la pasta y el cepillo se conviertan más bien en florete de esgrima o varita mágica a lo Harry Potter- y junto a ellos todos los juguetes se preparan para la lucha: las fuerzas opuestas de La Guerra de las Galaxias, indios y vaqueros, dinosaurios de Jurassic Park…, mientras el gato dormita en su mecedora. La batalla se recrudece y hasta el gato aprovecha para hacer alguna trastada. En este decorado teatral, tan solo la puerta y la ventana nos informan de lo que sucede fuera de esta habitación.
La narración se desarrolla en varios planos, lo que nos obliga a enfocar la mirada a diferentes alturas, con acciones que discurren imbricadas entre sí: El central con los personajes protagonistas, la parte izquierda de la doble página para los juguetes (y las apariciones y desapariciones del padre que podemos ver desde la puerta y la ventana) y en el lado derecho el gato, que se desplaza hasta llegar al espacio central para no perderse detalle, mientras el ambiente se caldea con los coloridos vapores de los pucheros en el fuego de la cocina.

El álbum solo así, mudo -como ¿Dónde están mis gafas? (Thule Ediciones 2013)- ya sería una delicia. Con esta narración visual tan detallada podría prescindirse del texto pero María Pascual quiere ir más allá y añade a los humanos su arma más poderosa, la palabra. Con un texto lleno de resonancias de la tradición oral, María encadena las palabras a modo de retahílas, trabalenguas, fórmulas mágicas y hechizos para transformar al oponente y convierte así la lucha en un juego de ingenio con el que canalizar la ira. 

Plasta, plastable, sipilitable
Reina del frotar de nunca acabar
Que si "frota, refrota, sipilifrota"
La espuma me empieza a brotar.

Estoy frito, refrito, sipilifrito
¡Harto! ¡No puedo más!
Plasta de dientes
¡¡PLASTA DE DIENTES!!
¡Fi! ¡Fa! ¡Fú!
¡Malacatú!




Y la magia de las palabras funciona y produce varias metamorfosis en los personajes hasta llevarles al lugar del otro. Madre e hijo cambian de rol y de posición en la página y terminan en el suelo muertos de risa con el padre asomado por la puerta entreabierta contemplando el final feliz de la batalla.


En las guardas traseras, dando al álbum un sentido circular, la cocina queda recogida y en calma.


María Pascual es una persona entusiasta e inquieta que se ha ofrecido con alegre generosidad a charlar con nosotros sobre el proceso creativo de esta obra con la que ganó el Premio Internacional del Álbum Ilustrado 2017 Biblioteca insular de Gran Canaria:

-María, eres licenciada en Bellas Artes con doctorado en Dibujo y has ilustrado muchos libros para otros autores. En ¡Malacatú! -como en ¿Sales a jugar? (Narval 2015)- eres autora e ilustradora ¿De dónde surge la idea primigenia, del texto o de la imagen?

-Cada libro ha tenido un proceso diferente, en ¿Sales a jugar? llegaron primero las imágenes, recreando mis juegos de infancia en la plaza, y en ¡Malacatú! el detonante fue el texto, el reto de hacer un libro trabalenguas que incitase a la lectura compartida en voz alta. En ambos hay una raíz inspiradora que me ha marcado como autora de literatura infantil, el legado que es la tradición popular oral que ha llegado hasta nosotros, generación tras generación, rescatando las voces y los rituales de tiempos ancestrales.

-En las ilustraciones de ¿Sales a jugar? exploras la hibridación persona/ animal; en ¡Malacatú! retomas esa exploración y la llevas hasta la de persona/objeto. ¿Por qué te seduce tanto esta mixtura?

-¿Dónde están mis gafas?, el primer libro que hice como autora global, ya evidenció lo que me seduce fantasear con la cosificación, objetos que parecen tener vida propia y que se esconden a propósito para hacernos rabiar. Además, en todos los libros que hago me detengo particularmente a escoger cada objeto que aparece, son pistas importantes sobre la identidad y personalidad de sus dueños.
 En ¿Sales a jugar? y en ¡Malacatú!, la transformación es un indicio del propio juego infantil, de la capacidad que tenemos mientras jugamos de ser otro y que nos acerca al ritual atávico. Las hibridaciones de mis libros reflejan mi obsesión por el juego libre, son mi manera de contar con imágenes lo que ocurre durante el espacio-tiempo paralelo del juego en la imaginación de los niños. La historia del arte está repleta de imágenes híbridas que son toda una fuente de inspiración para mí.


-En ¡Malacatú! nos ha maravillado el desarrollo de las expresiones y los movimientos de los personajes y cómo se integran en los tres planos que comentamos. ¿Trabajaste el movimiento y la expresividad de las figuras más desde la animación para conseguir un efecto flipbook o como si se tratara de una coreografía para tres grupos de baile?

-Ambas cosas. Si se pasan rápido las páginas, el libro funciona como un flipbook en el que todas las figuras se mueven en su espacio de la doble página siguiendo una coreografía muy estudiada. Es un escenario teatral en el que podemos ver cómo se ultiman los preparativos en las guardas del inicio y asomarnos en las guardas del cierre al escenario fijo que es la cocina cuando los personajes principales y casi todos los secundarios, ya se han marchado.

Disfruto muchísimo trabajando y escogiendo las expresiones para mostrar en cada “instantánea” el momento más significativo y que mejor pueda reflejar la evolución de este “duelo” en los ánimos de cada personaje. El enfado de los protagonistas sube y baja como el humo de las cacerolas que les acompañan.

-Hemos destacado la incorporación de una frase publicitaria en tu texto y también creas un pequeño universo con los personajes de La Guerra de las galaxias, Jurassic Park, el Oeste americano o Harry Potter con sus conjuros y encantamientos. ¿Qué influencia tienen en tu obra estos lenguajes?

-En mi infancia uno de los juegos favoritos, con los que pasaba horas y horas, eran las escenografías gigantes que organizaba, sola y con mi hermano, invadiendo toda la casa. Tenía predilección por los muñecos y los objetos pequeños, especialmente por los clicks y la saga de Star Wars, que mezclaba con muchos otros personajes que no tenían nada que ver. En nuestras historias se unían a Yoda, Chewbacca, Luke y Darth Vader, snorkels, legos, pitufos o figuritas del belén. En la cadena de batallas de ¡Malacatú!, he tratado de escoger personajes que ya son prácticamente clásicos y que funcionan hoy tan bien como lo hicieron entonces, para que los lectores puedan identificarlos y ver sus juegos reflejados fuera de modas puntuales. Indios y vaqueros, dinosaurios, guerras espaciales, magos… son juegos que se repiten y nos han encandilado a través de los años y, una vez más, son los juegos tradicionales y el juego libre un constante foco de ideas para mis proyectos personales. No sólo me seducen los personajes híbridos, sino la mezcla de referentes de lo más variopintos.
Foto de María Pascual con Ellen Duthie,  musa de ¡Malacatú!
Sin embargo, no había sido consciente de esa conexión con el lenguaje publicitario en el primer hechizo,  para el texto de ¡Malacatú! me nutrí más de lecturas a las que recurro constantemente y que marcaron mi infancia, retahílas, trabalenguas, cancioncillas populares, los nonsense de Edward Lear,  la sonoridad irreverente de William Steig, Roald Dahl o Christine Nöstlinger, de nuestra Gloria Fuertes,... y de  las palabrejas con las que mi madre nos llamaba "cariñosamente" para bloquear con ingenio los enfurruñamientos que teníamos mi hermano y yo: rata de cloaca, repollo con lazo, besugo al horno, enano saltarín... Probablemente hoy habrían censurado a mi madre. También hay más del mago Merlín, de Juan Tamariz y de Ellen Duthie que de Harry Potter, pero unos magos llevan a otros y el poder de Potter es indiscutible.

-¿Hay algún otro detalle que quieras resaltar de este álbum, p.e del proceso de edición con Arianna Squilloni?

-Trabajar con Arianna es siempre un gustazo por su mirada curiosa y tan única. ¡Malacatú! estaba ya prácticamente cerrado cuando lo presenté para el Concurso Internacional de Álbum ilustrado Biblioteca Insular de Gran Canaria y ella fue testigo de lo meticulosa que soy con mis proyectos, en los que trato de que hasta el más mínimo detalle tenga un sentido, casi hasta la locura. Poder compartir, debatir y comentar con ella el funcionamiento del engranaje del libro fue un regalo a sumar en el premio: desde la cantidad de humo en cada doble página hasta la razón del uso de las únicas comillas que tiene el texto.

Fotografías de Estrella Jover

Después de reír y disfrutar con la lectura en voz alta de ¡Malacatú!, dejarnos llevar por la musicalidad de sus palabras encadenadas, superar la dificultad de pronunciar las consonantes que en un principio nos trabaron la lengua, de bailarlas incluso para aprender de memoria los conjuros, hemos querido compartirlo con todo el cole en nuestra Maratón de Cuentos. Podéis ver estas imágenes de nuestra representación aunque los presentes saben que solo les contamos la historia de algunos personajes y que deben acudir a la biblioteca para descubrir el resto de las historias que se cocinan en el álbum. 

Abrazamos agradecidos a María porque ha conseguido, gracias a la magia de sus dibujos y sus textos, encender las miradas, los gestos y las risas de las niñas y niños en estos últimos días de clase en que ya solo deseábamos las vacaciones.

Ahora, comprendida ya la fórmula de cocinar hechizos, solo tenemos que buscar otras palabras que nos lleven a inventar y dramatizar nuevos conjuros.

¡Fi! ¡Fa! ¡Fu! ¡Malacatú!


lunes, 16 de abril de 2018

BLANCO COMO NIEVE

O como Ratón recorrió el mundo y llegó a nuestra escuela.

Un ratón blanco me mira sonriente invitándome a entrar al stand de la editorial A buen paso en la feria del libro de Bolonia. Andrea Antinori está firmando Blanco como nieve, el delicioso álbum que ha ilustrado con texto de Mar Benegas, y no puedo resistirme a la idea de llevarlo dedicado para contarlo en cuanto vuelva al cole. Al llegar a Valencia, recojo también la firma de la autora, que me enseña un libro de tela que usaba en sus sesiones para bebés. 
Me explica que de este cuento sin palabras nació la idea de Blanco como nieve, la historia de un ratón que sólo sale de casa después de asearse y comprobar que no llueve porque no le gusta ensuciar su blanco pelaje. Pero una mañana de primavera se aleja demasiado persiguiendo unas semillas que arrastraba el viento y no sabe volver. Inicia así un viaje en el que va a descubrir las diferentes casas en las que habitan los elementos de la naturaleza, hasta que consigue, como Ulises, regresar a su hogar.
Mar Benegas utiliza la estructura narrativa del cuento tradicional. Nos sitúa en un tiempo indefinido con el ÉRASE UNA VEZ y el uso del pretérito imperfecto pero enseguida la historia adquiere ritmo con la canción con que se presenta el protagonista y que va a servir de estribillo a todo el cuento. Y aún más ritmo, porque cada vez que Ratón encuentra una casa, Mar utiliza el mismo patrón: ¡Toc toc! ¿QUIÉN ES? Seguido de una onomatopeya que nos prepara para la adivinanza que vendrá como respuesta a su canción cuando Ratón entra en cada casa. 
Mar enumera las características de cada elemento de la naturaleza con la estructura de las adivinanzas populares, versos de arte menor con rima en los pares, aunque con hexasílabos (menos usados que el octosílabo) para mantener el ritmo y la musicalidad de la canción y guarda la composición en tres estrofas de cuatro versos, con la fórmula de final (A ver si adivinas/ si sabes quién soy) en la tercera estrofa.
El texto también invita a jugar con la entonación de las diferentes voces de cada elemento: un vozarrón terrible, como un huracán furioso, que se vuelve después suave como el trino de un pájaro, una voz cantarina, una voz apagada y la voz cavernosa y profunda con la que contesta el último de ellos.
Si lees, como yo, este álbum en clase (o en casa), verás cómo se despierta la curiosidad de niñas y niños y con qué rapidez entran en la dinámica del juego de imaginar y tratar de adivinar la solución que Ratón, tras pensarlo mucho, termina por encontrar.
Rodari explica así está fascinación de la infancia en su Gramática de la Fantasía:

"¿Por qué a los niños les gustan tanto las adivinanzas? A primera vista, diría que representan la forma concentrada, casi emblemática, de su experiencia de conquista de la realidad. Para un niño, el mundo está lleno de objetos misteriosos, de acontecimientos incomprensibles, de figuras indescifrables. Su misma presencia en el mundo es un misterio sin aclarar, una adivinanza sin resolver, incógnitas que intenta superar con preguntas directas o indirectas. El conocimiento sobreviene, a menudo, en forma de sorpresa.
De ahí el placer de experimentar de modo desinteresado, por juego, o casi por adiestramiento, la emoción de la búsqueda y de la sorpresa."

Por eso los niños se identifican con el protagonista y disfrutan con la escritura de Mar Benegas, porque nos sabe comunicar ese asombro, ese misterio y ese descubrir el mundo como un juego.
Ratón se muestra dichoso en cada nuevo elemento, incluso cuando ha perdido el color blanco que lo identifica. Y no sólo es un héroe como Ulises, también es un poeta porque, como Frederick, se lleva algunos rayos de sol guardados en su bolsillo para usarlos durante las frías noches de invierno.
Andrea Antinori, ilustrador italiano en IBBY Honor List 2016 y premio Andersen e ilustrador seleccionado para la exposición Feria del Libro Infantil de Bolonia 2017, refleja ese homenaje a Leo Lionni al usar la técnica del collage para los rayos del sol sobre el resto del dibujo.
Las ilustraciones completan lo que dice el texto; el viaje de Ratón, empieza de día y termina de noche, es decir, transcurre a lo largo de un ciclo vital. El ratón vuelve a casa blanco de nuevo (uno de los elementos lo purifica), pero también transformado: ya no le importa mancharse y la puerta de su casa, antes cerrada, ahora está abierta.

Hemos disfrutado tanto con Blanco como nieve que lo vamos a contar el próximo 23 de abril en nuestra Maratón de cuentos. 


¿Os gustan la casa y los decorados que construimos para nuestro querido ratón blanco?



Enviamos una carta a Mar y hablamos con ella para decirle que, al final, escribimos la música de la canción porque, como cada vez la cantábamos de una manera, empezamos a hacernos un lío y terminamos por fijar en una partitura la versión definitiva para que todos podamos acompañar el canto de Ratón.

Aprovechamos la ocasión para hacerle algunas preguntas. Su respuesta ha sido TAN GENEROSA que ganas me dan de borrar todo lo anterior y dejar sólo lo dicho por ella.


-Mar, ¿cómo fue el proceso de transformar el ratón de tela en ratón de papel?

-Hay personajes que piden vivir su propia historia, que necesitan ser escritos y tener su “libro”, no quedarse en la nebulosa de lo imaginado, tomar cuerpo y que su potencial se desarrolle. Contarnos sus aventuras y su historia con pelos y señales.
Y eso pasó con Ratón. Ratón comenzó siendo una cancioncilla con la que introducía un cuento de tela, muy bonito, al que le puse palabras para compartir con los bebés en mis sesiones. El ratoncillo que salía a pasear, solamente si no llovía, se perdía e iba encontrando algunos animales, a los que repetía su canción. Hasta que, al final, la serpiente (que se lo quería comer, por supuesto) lo asustaba y Ratón corría y corría hasta llegar, por fin y como en todas las historias, a su casa.
El mecanismo era perfecto. Un libro que me pedía ser contado. Que usaba portada y contraportada. Que era totalmente circular. En fin, todos los elementos para no necesitar nada más: tela, animales y canción que se repite.
Pero resultó que Ratón tenía mucha personalidad y no quería ser un cuento solamente cantado. Él necesitaba un libro de papel donde se nombrase y quedase constancia de su personalidad y de todo lo que tenía que contarme.
Y así, de aquella cancioncilla que presentaba a los bebés, vino Ratón a explicarme de su pequeña obsesión con la limpieza y con la guitarra. Y de cómo la vida implica mancharse, caminar, cansarse y seguir adelante, a pesar de todo. Responder a los enigmas para que nos vayan ofreciendo sus regalos y abriendo las puertas. Poder descubrir los misterios de lo que nos es ajeno. Porque enfrentarse al miedo (a veces sin querer) nos puede hacer cambiar de posición respecto al mundo: abrir la puerta a la vida y a las aventuras que conlleva vivir, a pesar de las dificultades. Y regresar a casa, y seguir cantando, siempre.

- ¿Por qué la rima está tan presente en tus textos para la primera infancia?

-El territorio de la primera infancia es el reino de la rima. El eco, la ecolalia, la repetición, el “otra vez”, “otra vez”.
La rima es el cantar del lenguaje, la música de las palabras, y la infancia necesita ser en-cantada, hechizada por el misterio y, a la vez, se convierte en un salvavidas, en una cuerda que da seguridad.
Cuando hay ritmo la niña, el niño, puede controlar al lenguaje, el patrón se repite y eso es una certeza a la que aferrarse. Llega la música de las palabras y la infancia se agarra a ella como una tabla de salvación con la que llegar a navegar el océano del lenguaje y, por ende, del pensamiento.
Otra vez, otra vez. La rima nos canta el mundo y así nos apropiamos de él. Construir la memoria y el pensamiento desde el ritmo es lo natural, lo que corresponde.
Dicen, incluso, algunos científicos, que aprendimos a hablar gracias al canto de los pájaros: imitar su trino fue clave en el desarrollo de nuestro lenguaje.


-Si hacemos un recorrido por los libros que han llegado a nuestra biblioteca, observamos que el tema de la casa  se enlaza de un texto a otro y gana espacio con el paso de los años. Aparece en A lo Bestia en “Abuelo Tortuga”, en el Haiku de la piel de Abecedario del cuerpo imaginado, en “con la a” de Con el ojo de la i, en varios poemas de ¿Qué soñarán las camas? y ya, como tema de todo el poemario, en Versos como una casa, en dónde curiosamente hay un poema “¿Qué pasa?” en el que la casa puede estar construida con viento, mar, fuego…elementos que retomas en Blanco como nieve. ¿Por qué las casas?

-Es, sin duda, una de mis obsesiones creativas. Creo que podría escribir un ensayo sobre el tema. Las casas simbolizan tantas cosas, tantos significantes se me han ido desvelando, he ido descubriendo con ellas, que vuelvo una vez y otra. No son la única obsesión: la niña (como símbolo), lo invisible, los sueños... cierto que, como decía el poeta, siempre estamos escribiendo el mismo libro, el mismo poema. Porque una realidad tiene tantos prismas, tantos matices.
Y bueno, escribimos lo que somos, no tenemos otro material. Pero, los símbolos del inconsciente tienen, siempre, su reflejo en la vida tangible (solamente hay que tener los ojos abiertos para verlos ahí, resplandecientes).
Me resulta fácil hacer un paralelismo con mi vida y mi relación con las casas. Durante muchos años me sentí nómada, cambiaba de casa anualmente, a veces hasta dos veces en el mismo año, eso me hizo acumular un total de más de 20 “hogares” en los que viví. Y una sensación de no pertenecer a ningún lugar. Pero, cuando llegué a visitar por primera vez, la que hoy es mi casa tuve una certeza: este será nuestro hogar (en ese momento para mí y para mi hijo). No es una casa especialmente hermosa, ni grande, pero tiene tierra y ranas. Yo llegaba de mi trabajo, un trabajo que no amaba en absoluto, entonces me descalzaba y miraba alrededor, eso me hacía sentirme bien. Ahora, si lo observo en perspectiva, la carga simbólica de este acto (encontrar mi hogar) se me presenta con una gran claridad. Fue el inicio de un proceso que me llevó, en escasos dos años, a encontrar también mi lugar en la vida. Dedicarme, en exclusiva, a la escritura, construir, poco a poco, mi hogar de palabras, mi refugio. E intentar habitarlo al completo y sin concesiones.
Sí, la casa, la morada, el hogar, creo, es mi mayor obsesión creativa. Y, dentro de ese mismo concepto: lugar donde esconder(se), donde resguardar(se), estarían las cajas, que creo que, como metáfora, para mí simbolizan lo mismo. Y ahí está La caja de las palabras y algún texto inédito como “La caja mediana” y muchos poemas que la nombran. Lo mismo con mis libros sobre casas, algunos íntegramente dedicados a ellas: “Versos como una casa”, “Nicolasa, ¿y tu casa?” o “Blanco como nieve”, pero también presente en mis otros libros de manera ocasional.  Así, caja y casa, casa y caja.
Me gusta pensar que la palabra poética, la poesía, es una casa, la casa del poema, la caja donde guardar el lenguaje. Las palabras y letras como espacio físico y habitable. La poesía es, para mí, un lugar, un hogar, un refugio, con sus habitaciones, sus ventanas, sus estancias, su cocina...
También me interesa la casa como metáfora del nacimiento: la memoria, el lugar desde el cual se inician todos los viajes. La aventura de vivir. Los personajes salen de su casa, viajan, y luego regresan. Eso es la vida y siempre hemos de tener un lugar donde regresar. Pero la casa también representa el antes del nacer y también la última puerta que atravesamos. Camino circular que se inicia en ella y en ella termina.
Y a otra idea que le he dado muchas vueltas (sobre todo en mi poesía para adultos, pero también se puede “leer” en la infantil/juvenil, tal vez menos evidente) es la de cuerpo como casa. Igual que el lenguaje es un lugar que habitamos, también el cuerpo es un espacio, de piel adentro, la casa nuestra: 


Piel. Es la casa  
de todas las caricias. 
Abre la puerta.

***

Podéis leer más sobre Mar Benegas en la primera entrada de este blog y en esta otra. También hablamos con Arianna Squilloni aqui y puedes verla hablar sobre Lij en este vídeo. Mariaje Paniagua recoge  una interesante recopilación de artículos sobre ella en esta entrada.  Y si lo que quieres es saber más sobre adivinanzas puedes leer Adivinanzas Populares Españolas (Estudio y Antología) de Pedro C. Cerrillo. 


¡Os esperamos en nuestra IX Maratón de cuentos!

¡Gracias, Mar, por ser casa de palabras para nuestra escuela!