En
la primera lectura de este álbum -con mis ojos viejos- me fascinaron las
imágenes, su aspecto vintage, que me recordaba antiguas ediciones de Alfaguara,
y la sensación de habitar un espacio
entre el sueño y la vigilia; ese espacio que tanto me había cautivado en Dídola Pídola Pon (título que da
nombre a nuestro blog) donde Jenny, la protagonista, consigue la experiencia
necesaria para ser la primera dama en el Teatro Mundial de Mamá Oca y que es
tan característico de los álbumes de Maurice Sendak.
“Gordon se presentó
a la recién llegada:
-Hola, soy Yo.
-Encantada- dijo la recién llegada-. Yo también soy Yo.”
“-Pero, ay, ¡qué-qué-qué-miedo!- tembló Vinayaki-. ¡Qué miedo a que no vaya a ver igual! ¡Qué miedo a que no vaya a ser igual! ¡Qué miedo a que el cambio me cambie!”
Así que esta historia, en la que Vinayaki, asustada, llega con su maletita (igual que la de Jenny) a casa de Gordon porque le van a poner unos ojos nuevos, fue incluida en nuestra carta a las reinas Magas y llegó como regalo a nuestra Biblioteca en los primeros días del año.
La
siguiente lectura, la hice acompañada por muchos ojos jóvenes que aportaban su
mirada sorprendida, divertida, intrigada, juguetona…, sus comentarios y la conversación que surgió a continuación
con las imágenes de Yo persona
que cada uno de ellos eligió porque le suscitaba preguntas semejantes a las de
la historia que habíamos leído. Y disfrutamos también de la lectura que hace un
padre con su hija (podéis verlo aquí). Seguro
que nosotros también acabaremos montando nuestra propia función de títeres.
Mientras tanto, con el apadrinamiento lector, continuamos leyéndola en los ojos de los más pequeños.

































