lunes, 27 de mayo de 2019

CUÉNTAME, SÉSAMO


NUEVE HISTORIAS SOBRE LOS PODERES MÁGICOS Y REALES DE LAS PLANTAS

Hay álbumes que te enamoran al primer golpe de vista y otros que van calando más hondo en cada nueva lectura. Cuéntame, sésamo: Nueve historias sobre los poderes mágicos y reales de las plantas de Aina Serra Erice, pertenece a las dos categorías.
Lo recomendamos a principios de año en la entrada “Libros que son un regalo” por la calidad de sus textos, la belleza de las ilustraciones de Jacobo Muñiz, la exquisita edición de Teresa Benéitez, A Fin de Cuentos, y por su declaración de intenciones:

“Este libro quiere convencerte de una gran verdad: Los cuentos de hadas no son nada sin las plantas”.

Nos pareció muy original que se buscara a los protagonistas vegetales de los cuentos de tradición oral -recogidos por Perrault, Galland, Borbot de Villeneuve, los hermanos Grimm y Jacobs- para conocer sus secretos y curiosidades y que, al final de cada capítulo, se ofreciera una actividad sencilla y práctica que nos permitiera manipularlos, olerlos o saborearlos.

Aina Serra Erice, bióloga de formación y escritora creativa de vocación, no cree en la división entre ciencias y humanidades y por eso nos promete rigor y precisión junto con arte y poesía en lo que escribe. Jacobo Muñiz se sumerge en la fascinación del mundo vegetal de los cuentos de hadas contagiado por la pasión de Aina y crea todo un mundo de color que se transforma según la estación en que florece o madura cada planta y en el que conviven elementos propios de una ilustración más tradicional con otros esquemáticos o divertidos, pero siempre expresivos y dinámicos.

Los nueve capítulos en los que se estructura el álbum comienzan con un resumen del cuento original, en su versión más antigua conocida, 



un cuento inventado por la autora en el que explica cómo llegaron al cuento tradicional sus plantas protagonistas y en el que, a través de otros vegetales etiquetados en las ilustraciones, podemos conocer datos científicos sobre ellas, 


una doble página con texto informativo


seguida de otra página informativa sobre algún elemento característico del cuento –animal, vegetal o mineral- y una página de actividades que puede ser una manualidad o una receta de cocina.

Después de “testar” Cuéntame, sésamo durante estos meses con las niñas y niños en el aula, hemos comprobado que disfrutamos igual cuando llegamos a él en busca de información, por su lenguaje sencillo, desenfadado y fresco, que cuando lo abordamos desde la literatura, desde el cuento tradicional, porque tiene la virtud de despertar nuestra curiosidad y de abrir caminos hacia otras lecturas. 


Seguro que a vosotros también os fascinan sus preguntas:


“La vanidosa madrastra de Blancanieves estaba loca de celos…pero, ¿habría enloquecido si no hubiese tenido a su querido espejito mágico cerca?”

“¿Sabías que en China han visto que los buenos andamiajes de bambú resisten huracanes allá donde los de metal se desmoronan como castillos de naipes?"

“¡Un cerdito que se zampa a un lobo! Pero ¿es eso posible?"

"¿Te has preguntado alguna vez de dónde sacó el hada madrina los zapatos de cristal?"

"Y el aceite hizo luz. 
Cierra los ojos. 
Ahora enciende la luz. 
¿Qué te has imaginado?"

"¿Por qué tesoro se escribe con oro?"

Para saber más puedes entrar en la web de la autora donde escribe para gente curiosa sobre personas & plantas.También puedes visitar el blog del ilustrador para conocer su obra o leer sus impresiones al terminar este álbum en la página de A Fin de cuentos.


lunes, 22 de abril de 2019

¡MALACATÚ!

El poder transformador de la palabra

¿Recordáis aquel slogan publicitario que decía “El frotar se va a acabar”?  Pues veréis con qué arte lo convierte María Pascual en palabra arrojadiza contra el adversario, trabalenguas y hechizo al final, en este álbum trepidante y lleno de magia que publica, con la maestría que le caracteriza, la editorial A buen paso.




Los protagonistas se presentan, en un primer plano, enfrentados desde la portada sobre un fondo amarillo chillón lleno de estrellas y pequeños globos dentados, bajo el título ¡MALACATÚ! en mayúsculas picudas con la tilde clavada en la u. 
Actitud desafiante, ceño fruncido, labios apretados, mirada asesina… ambos, madre e hijo, sujetan como un arma pasta y cepillo de dientes ¿Qué les habrá hecho enfadarse de este modo?


Desde las guardas, el formato rectangular de la portada se convierte en panorámico al usar la doble página y vemos entrar al niño, feliz con sus juguetes, en el que va a ser el único escenario de la trama; la cocina. 


Y ahora sí, en el centro de la escena, madre e hijo se enfrentan en un duelo armados con lo que parece ser la causa del conflicto –yo casi puedo escuchar la música con silbido típica de Morricone en las películas del oeste aunque la pasta y el cepillo se conviertan más bien en florete de esgrima o varita mágica a lo Harry Potter- y junto a ellos todos los juguetes se preparan para la lucha: las fuerzas opuestas de La Guerra de las Galaxias, indios y vaqueros, dinosaurios de Jurassic Park…, mientras el gato dormita en su mecedora. La batalla se recrudece y hasta el gato aprovecha para hacer alguna trastada. En este decorado teatral, tan solo la puerta y la ventana nos informan de lo que sucede fuera de esta habitación.
La narración se desarrolla en varios planos, lo que nos obliga a enfocar la mirada a diferentes alturas, con acciones que discurren imbricadas entre sí: El central con los personajes protagonistas, la parte izquierda de la doble página para los juguetes (y las apariciones y desapariciones del padre que podemos ver desde la puerta y la ventana) y en el lado derecho el gato, que se desplaza hasta llegar al espacio central para no perderse detalle, mientras el ambiente se caldea con los coloridos vapores de los pucheros en el fuego de la cocina.

El álbum solo así, mudo -como ¿Dónde están mis gafas? (Thule Ediciones 2013)- ya sería una delicia. Con esta narración visual tan detallada podría prescindirse del texto pero María Pascual quiere ir más allá y añade a los humanos su arma más poderosa, la palabra. Con un texto lleno de resonancias de la tradición oral, María encadena las palabras a modo de retahílas, trabalenguas, fórmulas mágicas y hechizos para transformar al oponente y convierte así la lucha en un juego de ingenio con el que canalizar la ira. 

Plasta, plastable, sipilitable
Reina del frotar de nunca acabar
Que si "frota, refrota, sipilifrota"
La espuma me empieza a brotar.

Estoy frito, refrito, sipilifrito
¡Harto! ¡No puedo más!
Plasta de dientes
¡¡PLASTA DE DIENTES!!
¡Fi! ¡Fa! ¡Fú!
¡Malacatú!




Y la magia de las palabras funciona y produce varias metamorfosis en los personajes hasta llevarles al lugar del otro. Madre e hijo cambian de rol y de posición en la página y terminan en el suelo muertos de risa con el padre asomado por la puerta entreabierta contemplando el final feliz de la batalla.


En las guardas traseras, dando al álbum un sentido circular, la cocina queda recogida y en calma.


María Pascual es una persona entusiasta e inquieta que se ha ofrecido con alegre generosidad a charlar con nosotros sobre el proceso creativo de esta obra con la que ganó el Premio Internacional del Álbum Ilustrado 2017 Biblioteca insular de Gran Canaria:

-María, eres licenciada en Bellas Artes con doctorado en Dibujo y has ilustrado muchos libros para otros autores. En ¡Malacatú! -como en ¿Sales a jugar? (Narval 2015)- eres autora e ilustradora ¿De dónde surge la idea primigenia, del texto o de la imagen?

-Cada libro ha tenido un proceso diferente, en ¿Sales a jugar? llegaron primero las imágenes, recreando mis juegos de infancia en la plaza, y en ¡Malacatú! el detonante fue el texto, el reto de hacer un libro trabalenguas que incitase a la lectura compartida en voz alta. En ambos hay una raíz inspiradora que me ha marcado como autora de literatura infantil, el legado que es la tradición popular oral que ha llegado hasta nosotros, generación tras generación, rescatando las voces y los rituales de tiempos ancestrales.

-En las ilustraciones de ¿Sales a jugar? exploras la hibridación persona/ animal; en ¡Malacatú! retomas esa exploración y la llevas hasta la de persona/objeto. ¿Por qué te seduce tanto esta mixtura?

-¿Dónde están mis gafas?, el primer libro que hice como autora global, ya evidenció lo que me seduce fantasear con la cosificación, objetos que parecen tener vida propia y que se esconden a propósito para hacernos rabiar. Además, en todos los libros que hago me detengo particularmente a escoger cada objeto que aparece, son pistas importantes sobre la identidad y personalidad de sus dueños.
 En ¿Sales a jugar? y en ¡Malacatú!, la transformación es un indicio del propio juego infantil, de la capacidad que tenemos mientras jugamos de ser otro y que nos acerca al ritual atávico. Las hibridaciones de mis libros reflejan mi obsesión por el juego libre, son mi manera de contar con imágenes lo que ocurre durante el espacio-tiempo paralelo del juego en la imaginación de los niños. La historia del arte está repleta de imágenes híbridas que son toda una fuente de inspiración para mí.


-En ¡Malacatú! nos ha maravillado el desarrollo de las expresiones y los movimientos de los personajes y cómo se integran en los tres planos que comentamos. ¿Trabajaste el movimiento y la expresividad de las figuras más desde la animación para conseguir un efecto flipbook o como si se tratara de una coreografía para tres grupos de baile?

-Ambas cosas. Si se pasan rápido las páginas, el libro funciona como un flipbook en el que todas las figuras se mueven en su espacio de la doble página siguiendo una coreografía muy estudiada. Es un escenario teatral en el que podemos ver cómo se ultiman los preparativos en las guardas del inicio y asomarnos en las guardas del cierre al escenario fijo que es la cocina cuando los personajes principales y casi todos los secundarios, ya se han marchado.

Disfruto muchísimo trabajando y escogiendo las expresiones para mostrar en cada “instantánea” el momento más significativo y que mejor pueda reflejar la evolución de este “duelo” en los ánimos de cada personaje. El enfado de los protagonistas sube y baja como el humo de las cacerolas que les acompañan.

-Hemos destacado la incorporación de una frase publicitaria en tu texto y también creas un pequeño universo con los personajes de La Guerra de las galaxias, Jurassic Park, el Oeste americano o Harry Potter con sus conjuros y encantamientos. ¿Qué influencia tienen en tu obra estos lenguajes?

-En mi infancia uno de los juegos favoritos, con los que pasaba horas y horas, eran las escenografías gigantes que organizaba, sola y con mi hermano, invadiendo toda la casa. Tenía predilección por los muñecos y los objetos pequeños, especialmente por los clicks y la saga de Star Wars, que mezclaba con muchos otros personajes que no tenían nada que ver. En nuestras historias se unían a Yoda, Chewbacca, Luke y Darth Vader, snorkels, legos, pitufos o figuritas del belén. En la cadena de batallas de ¡Malacatú!, he tratado de escoger personajes que ya son prácticamente clásicos y que funcionan hoy tan bien como lo hicieron entonces, para que los lectores puedan identificarlos y ver sus juegos reflejados fuera de modas puntuales. Indios y vaqueros, dinosaurios, guerras espaciales, magos… son juegos que se repiten y nos han encandilado a través de los años y, una vez más, son los juegos tradicionales y el juego libre un constante foco de ideas para mis proyectos personales. No sólo me seducen los personajes híbridos, sino la mezcla de referentes de lo más variopintos.
Foto de María Pascual con Ellen Duthie,  musa de ¡Malacatú!
Sin embargo, no había sido consciente de esa conexión con el lenguaje publicitario en el primer hechizo,  para el texto de ¡Malacatú! me nutrí más de lecturas a las que recurro constantemente y que marcaron mi infancia, retahílas, trabalenguas, cancioncillas populares, los nonsense de Edward Lear,  la sonoridad irreverente de William Steig, Roald Dahl o Christine Nöstlinger, de nuestra Gloria Fuertes,... y de  las palabrejas con las que mi madre nos llamaba "cariñosamente" para bloquear con ingenio los enfurruñamientos que teníamos mi hermano y yo: rata de cloaca, repollo con lazo, besugo al horno, enano saltarín... Probablemente hoy habrían censurado a mi madre. También hay más del mago Merlín, de Juan Tamariz y de Ellen Duthie que de Harry Potter, pero unos magos llevan a otros y el poder de Potter es indiscutible.

-¿Hay algún otro detalle que quieras resaltar de este álbum, p.e del proceso de edición con Arianna Squilloni?

-Trabajar con Arianna es siempre un gustazo por su mirada curiosa y tan única. ¡Malacatú! estaba ya prácticamente cerrado cuando lo presenté para el Concurso Internacional de Álbum ilustrado Biblioteca Insular de Gran Canaria y ella fue testigo de lo meticulosa que soy con mis proyectos, en los que trato de que hasta el más mínimo detalle tenga un sentido, casi hasta la locura. Poder compartir, debatir y comentar con ella el funcionamiento del engranaje del libro fue un regalo a sumar en el premio: desde la cantidad de humo en cada doble página hasta la razón del uso de las únicas comillas que tiene el texto.

Fotografías de Estrella Jover

Después de reír y disfrutar con la lectura en voz alta de ¡Malacatú!, dejarnos llevar por la musicalidad de sus palabras encadenadas, superar la dificultad de pronunciar las consonantes que en un principio nos trabaron la lengua, de bailarlas incluso para aprender de memoria los conjuros, hemos querido compartirlo con todo el cole en nuestra Maratón de Cuentos. Podéis ver estas imágenes de nuestra representación aunque los presentes saben que solo les contamos la historia de algunos personajes y que deben acudir a la biblioteca para descubrir el resto de las historias que se cocinan en el álbum. 

Abrazamos agradecidos a María porque ha conseguido, gracias a la magia de sus dibujos y sus textos, encender las miradas, los gestos y las risas de las niñas y niños en estos últimos días de clase en que ya solo deseábamos las vacaciones.

Ahora, comprendida ya la fórmula de cocinar hechizos, solo tenemos que buscar otras palabras que nos lleven a inventar y dramatizar nuevos conjuros.

¡Fi! ¡Fa! ¡Fu! ¡Malacatú!


jueves, 7 de marzo de 2019

¡DÍDOLA PÍDOLA PON! o La vida debe ofrecer algo más

                         
                                           “LA MAGIA, LA EXTRAÑEZA DE LA INFANCIA”


¡Estamos de enhorabuena! Kalandraka recupera esta joya de Maurice Sendak, que incluimos en las novedades para el 2019, y nos regala la ocasión de reseñar el título que dio nombre a nuestro blog y de que intentemos explicar por qué elegimos este libro entre todos los ejemplares que habitan nuestra biblioteca. ¡No va a ser tarea fácil!

¡Dídola Pídola Pon! o La vida debe ofrecer algo más , maravillosa traducción de Agustín Gervás del título original Higglety Pigglety Pop! Or There Must Be More to Life, fue escrito e ilustrado por Sendak en 1967 y es la obra más extensa del autor. A caballo entre el cuento maravilloso y el álbum ilustrado, lo onírico y lo absurdo, la viñeta y el gag de cine mudo, nos deja ese regusto de los sueños infantiles en que nada es lo que parece pero alcanza a desvelarnos un significado profundo que al rato de estar despiertos ya no conseguimos explicar.

Cuando descubrí ¡Dídola Pídola Pon! estaba a punto de marcharme con mi familia a vivir a Brasil. La primera sensación que tuve al leerlo fue que se dirigía a mí, a la niña que pasaba horas asomada a la ventana -mi casa tenía un mirador que daba al cruce de dos amplias avenidas y desde allí imaginaba cómo sería la vida de la gente que pasaba y qué habría más allá del horizonte que podía divisar- y decirme que Jennie y yo estábamos pasando por el mismo momento vital; la vida cómoda que conocíamos no era suficiente y queríamos crecer, salir al mundo en busca de experiencia. Y todo iba a salir bien. 

Maurice Sendak, en el documental de Spike Jonze y Lance Bangs “Díles lo que quieras: un retrato de Maurice Sendak” (2009), dice refiriéndose a ¡Dídola Pídola Pon!:

 "Este es realmente mi favorito. Siempre quise escribir otro libro como ese. Es el más extenso, el mayor texto que yo escribí. Y el más personal. Profundamente personal."

La perrita protagonista de esta obra es Jennie, la Sealyham de Maurice que muere el mismo año en que se publica el libro y a la que él nunca consiguió olvidar.  En esa misma entrevista, confiesa a la pregunta ¿Qué se habría perdido si no hubiera vivido estos 80 años?:

“No habría conocido a mi hermano y a mi hermana. Habría sido una pérdida terrible. Y habría perdido a Jennie, mi perra, ella aparece en Higglety Pigglety Pop. Pero…¿qué estoy diciendo? 
Ella aparece en todos mis libros cuando todavía estaba viva". 

Aquí podemos ver a Jennie en las ilustraciones de La ventana de Kenny, su primera obra como autor de texto e ilustración (1956), El letrero secreto de Rosie (1958) y en Donde viven los monstruos (1963), el libro que revolucionó el álbum ilustrado y con el que sintió  que había alcanzado su manera personal de expresarse a pesar de que él pudiera reconocer en sus ilustraciones la influencia de otros grandes artistas. En la entrevista que concede en su  estudio apartamento de Nueva York en 1966 dice: 

"El arte de ilustrar, como cualquier otro, es el arte de crecer hasta convertirse en uno mismo".

Sin embargo, con el paso de los años, Sendak sintió que todos los libros que hizo después, quedaran a la sombra de Donde viven los monstruos.

¡Dídola Pídola Pon!, además de ser un homenaje a su perra, es el primer texto de Sendak en el que la protagonista no es un niño o una niña.


Jennie, eso sí, aparece por completo humanizada y las espléndidas ilustraciones, dibujadas con pluma a tinta negra, nos recuerdan los grabados o litografías de épocas pasadas que acompañaban a las fábulas en las que los animales hablan, expresan sentimientos y deseos y se relacionan entre ellos como personas al igual que Jennie con la planta, el cerdo, el gato, la doncella, la nena, el fresno y el león. Quizá no sea coincidencia que en la entrevista del 66 en su estudio -un año antes de que se publique este libro- el autor muestra, como ejemplo de lo que es para él la armonía perfecta entre todos los elementos gráficos de una obra, un volumen de Las Fábulas de La Fontaine ilustradas por Grandville (1803-1847).



Maurice Sendak nos cuenta el viaje de aprendizaje -con la estructura del cuento tradicional- de Jennie, una perrita valiente, pícara, simpática y muy, muy tragona que lo tiene todo, hasta el amor de su amo, pero no duda en recoger sus cosas en la maleta con hebillas de oro y lanzarse al mundo en plena noche porque se siente insatisfecha. 

“Quiero algo que no tengo. La vida ¡tiene que ofrecer algo más que el tenerlo todo!
La planta no tenía nada que decir.
No le quedaba nada con qué decirlo”. 

Enseguida se encuentra con la oportunidad de presentarse como primera dama al Teatro Mundial de Mamá Oca y continúa su camino con la esperanza de obtener la experiencia que le piden antes de que termine la primera noche de luna llena. 

Pero, tras vivir una extraña aventura que nos divierte por las situaciones absurdas (como de película muda), en la que está a punto de ser devorada por un león para salvar a la nena, se encuentra perdida en mitad de la noche, en una atmósfera de misticismo romántico; pasa de tenerlo todo, a no tener nada.


"Se echó al pie de un fresno con el hocico entre las patas y suspiró.
-La vida debe ofrecer algo más que el no tener nada.
-Eso mismo estaba yo pensando se lamentó el fresno."

Al final, Jennie consigue su lugar en el mundo; ha adquirido la experiencia necesaria para ser la estrella del Teatro Mundial de Mamá Oca, lo tiene todo y está satisfecha.


Con las últimas ilustraciones del libro podemos disfrutar del efecto de tira de animación, de película, que tanto le gustaba a Sendak, y todos los personajes cobran sentido. Pero... ¿qué significado tiene la obra que representan?  

Nos encanta el juego que hace Agustín Gervás con el sentido y la musicalidad de la palabra Pídola y la sensación que produce de carambola pero queríamos saber más sobre las famosas rimas de Samuel Taylor Goodrich en las que se inspira Sendak para escribir la historia. Así que pedimos ayuda a Ellen Duthie, especialista en Sendak -tradujo Al otro lado (1981) para Kalandraka en el 2015- que nos regaló esta valiosa información.

En inglés, "higglety pigglety pop" es el primer verso de la "nursery rhyme" con la que acaba el libro. En una traducción literal sería:

Higglety, pigglety, pop!                                         Higglety, pigglety, pop!
The dog has eaten the mop:                                El perro se ha comido la fregona:
The pig’s in a hurry,                                              El cerdo apurado
The cat’s in a flurry,                                              El gato agitado
Higglety, pigglety, pop!                                         Higglety, pigglety, pop!

"Higglety pigglety" es una variación de "Higgledy piggledy" (con "d) que es una expresión que quiere decir "confusión, lío, sin orden". Las palabras por sí solas no quieren decir nada, solo juntas. Hay bastantes ejemplos de esto, muchos de ellos muy antiguos, en inglés: expresiones formadas a partir de dos palabras que se reduplican de forma sonora y que se inventan juguetonamente y se incorporan en el lenguaje. Son dúos sonoros que se puede decir de alguna manera que son el origen del nonsense. Esas palabras que no significan nada, inventadas pero que sin embargo te hacen hacer asociaciones por su parecido a otras palabras. Hay ejemplos de este tipo de duplicación que van muy atrás, anteriores a Shakespeare. 
Higgledy piggledy en concreto, aparece por primera vez impreso en 1596, en un diccionario italiano-inglés. Otra variante es "Higly pigly", donde se ve el origen relacionado con "pig" -cerdo- haciendo quizás referencia a lo desordenado del aspecto de una piara de cerdos.
Lo que es particularmente gracioso del caso de la "nursery rhyme" de Samuel Goodrich, es que él la escribió para ridiculizar la tradición de "nursery rhymes", como un ejemplo de lo absurdas e inútiles que podían ser. Estaba convencido de que este tipo de rima era perjudicial para los niños y animaba a un comportamiento impropio. El caso es que su propio poema se ha incorporado al acervo de "nursery rhymes" conocidas, así que le salió el tiro por la culata. La escribió concretamente en esta reseña ridiculizante de un libro de Nursery Rhymes que acababa de salir.


He leído ¡Dídola Pídola Pon!  con las niñas y niños de mi clase (8 y 9 años);  les divierte lo absurdo y la perrita Jennie les resulta la mar de simpática con sus picardías para conseguir comérselo todo, pero yo podría leerlo otras cien veces y seguiría encontrando en el texto y las ilustraciones capas y capas de significado que harían demasiado densa esta reseña.

Sendak termina este libro con un epílogo -clave para entender que el autor se prepara para despedirse de su vieja amiga- en el que la perrita le escribe a su antiguo amo desde el Castillo de Allá para contarle que se fue para siempre, que se siente feliz y que aunque no sabe dónde está, espera que la busque si pasa por allí algún día. Me gusta imaginar que en el año 2012 Maurice Sendak consiguió reunirse con ella y disfrutan juntos de las funciones del Gran Teatro Mundial de Mamá Oca.



                                              EPÍLOGO
Ilustración de La ventana de Kenny

Los planes que iban a cambiar mi vida, y que me hicieron identificarme con Jennie, se truncaron, pero conseguí abrir esta ventana desde la que ahora hablamos. Una ventana que nos permite mirar al exterior para ampliar nuestra visión del mundo y viajar hacia ese “otro lado” -el que descubrimos con la lectura- pero que también muestra el interior y nos permite reflexionar sobre nuestras vivencias y compartirlas con los mediadores y lectores curiosos que quieran asomarse a ella.


¡Feliz vida y feliz lectura!